Nunca voy a entender, hasta mi último suspiro, por qué se trató con indiferencia, discriminación y hasta desprecio a tres selecciones que jugaron en la sede Monterrey del Mundial de la FIFA: Túnez, Sudáfrica y Marruecos por parte del oficialismo estatal.
Alguien me cuestionó en un tuit de mi cuenta de X la razón por la cual no señalaba al gobernador Samuel García como el responsable de esa irrespetuosa actitud, a lo cual respondí que las redes sociales se encargaron de ello.
La sede Monterrey, ante vergonzosa violación de las mínimas reglas de conducta, de ser imparcial y buen anfitrión, jamás podrá ser considerada como la mejor de la Copa del Mundo.
Y no porque en la cancha se manchó el futbol con una dudosa decisión arbitral, o porque el público dentro y fuera del Estadio Monterrey puso el mal ejemplo -al contrario-, sino porque la política se mezcló con el balompié.
Desde meses y semanas antes del primer juego local el 14 de junio, Samuel García realizó viajes a Asia y Europa, cargando hasta con una botarga naranja que se inventó, pero no tuvo tiempo para pisar el continente africano.
Alguien de sus colaboradores tuvo que decirle que Marruecos, cuarto lugar en Qatar 2022, tenía posibilidades de jugar en Monterrey dependiendo las posiciones de los grupos, pero en cambio estuvo en Francia y España que no iban a venir.
Y el uso hecho público por el gobernador para ir en el helicóptero Black Hawk a recibir un camioncito con 15 nederlands (holandeses) que cruzaron la frontera por el Puente Colombia para presenciar el juego ante los marroquíes, tendría sus consecuencias.
Apenas salieron los jugadores naranjas al calentamiento, y cuando en las pantallas se dio la alineación, el 99.9 por ciento de los asistentes al partido tuvieron la memoria que había perdido Samuel García: el “¡no fue penal!” del Mundial 2014 cuando Arjen Robben fingió una falta de Rafael Márquez que eliminó a México.
Nadie me lo contó porque yo y mi familia estuvimos en las tribunas el lunes 29, cuando Marruecos eliminó a Países Bajos de la Copa del Mundo en una tanda de penalties de infarto, con un público que se entregó a los colores que el gobernador despreció.
Y si tenía dudas de esa política pública de hacer bailar como payasos de rodeo -bajo el sol y por más de nueve horas a sus empleados en el Parque Fundidora y en las esquinas de Padre Mier y Zaragoza-, una pantalla cerca de estadio me lo confirmó.
Por qué nadie le dijo a Samuel García que por su investidura tenía que ser imparcial, ordenando proyectar en pantallas una bienvenida en árabe y en castellano, no solo en holandés, cuando jugadores y directivos de Marruecos se acercaban al estadio a bordo del autobús.
Y qué decir de los escudos de Países Bajos que aparecieron en las calles alrededor del Palacio de Gobierno, y en cada poste de las avenidas Chapultepec, Eloy Cavazos y Pablo Livas.
¿Acaso no hubo un inteligente del gabinete que calculara los daños a la persona, y las consecuencias políticas y electorales si perdía la selección que llevaba los colores de su partido Movimiento Ciudadano? Parece que no. La ceguera los nubló.
Desde la misma noche del 29, cuando el árbitro pitó el final del encuentro, un tatuaje se marcó en las siglas MC, aunque tendrán meses para intentar borrarlo rumbo a las elecciones de 2027.
Bien, en cambio, por los alcaldes de Monterrey y Guadalupe, Adrián de la Garza y Héctor García, respectivamente, que nunca se pusieron un jersey para ofender al otro equipo.
Y asistieron a los cuatro juegos como verdaderos y hospitalarios anfitriones: Adrián de la sede de la FIFA, y Héctor como alcalde de la ciudad del estadio.
Quiero terminar este espacio con las declaraciones del técnico de Marruecos al terminar el juego, que bien supo de la campaña anti marroquí del gobierno de MC. Un país árabe que compartirá la sede del Mundial 2030:
“El pueblo marroquí devolverá a México lo que los fans mexicanos nos han dado hoy, vendrán y se sentirán en casa; tendrán allá un estadio lleno de fans en apoyo”, dijo Mohamed Ouahbi.
Quizá, y por respeto y bien educado, el entrenador omitió decir a quién iba dirigido su mensaje.
Buen Mundial en lo que resta para Marruecos. Se ganaron el respeto y el cariño de la afición.

