De risa loca la indignación del “Teacher”. Con la lista de críticos del gobierno de la 4T que expuso Luisa María Alcalde, don “Juay-de-rito” quemó kilos de testostetona que, a su edad (y la mía) se deben administrar con sabiduría, porque ya no hay muchas reservas.
Desde hace años, incluso cuando yo aún trabajaba para Televisa, el “Teacher” nunca me pareció un periodista ejemplar, mucho menos un maestro. Tuvo sus días de gloria, muy respetables, pero hace mucho que se apoltronó en la fama y, como a todos nos pasa cuando alguien nos cree, usó y usa su prestigio para pontificar. Esta vez no tuve la paciencia para escuchar todo su “choro”, sofístico, redundante y visceral. Sí, se le señaló como crítico del oficialismo, y se le concedió el honor inmerecido de enlistarlo como periodista, más por su proyección y trayectoria que por su calidad. Pero lo que le escuché fueron lamentos sobre su amor propio lastimado. Se enrocó en su “dignidad” como crítico cuando lo que la señora Alcalde expuso fue un esquema (“ecosistema”) mediático en donde no sólo él, sino muchos otros, son fundamentales para mantener una campaña de larga data contra la 4T. La exhibición no cuestiona su crítica, ni su sesgo evidente, sino su función en una estrategia muy bien planeada y, además, muy cara. No digo que le paguen por decir lo que dice, pero debería cobrar como franquicia de la ultraderecha sionista, por lo menos para renovar su yate. Se trata de muchos millones que siguen inyectándose en esa estrategia mediática desde hace años. Porque las granjas de “bots” no son baratas.
Y tampoco es para que se esponjen tanto los afiliados voluntarios o involuntarios a esta insidia, porque desde el “Derecho de Réplica” (que en los medios no es muy regular), sólo responden a una campaña con otra, que por lo menos no oculta su origen ni se refugia en alaridos hipócritas sobre la Libertad de Expresión. Y eso es apenas “la puntita”, porque los lineamientos sobre el Derecho de las Audiencias, no censuran ni sancionan, pero abren la puerta a que la censura no surja del régimen en turno sino de los verdaderos “clientes” de los medios: su público. La 4T se lava las manos y deja que sea la audiencia la que cuestione, proteste, censure a los medios falaces. Según la encuesta de Las Heras, hay una mayoría que pide que se sancionen las noticias falsas. La 4T no lo va a hacer, le está dejando ese jale a la audiencia.
El “Teacher” ya no tiene nada qué enseñarnos, como no sea dejarnos ser testigos de su decadencia. Y hasta en eso, cualquiera podrá en cualquier momento cambiar de canal. La 4T todavía no tiene fuerza suficiente para ser autoritaria; podrá serlo algún día. Pero darle a la audiencia datos para reflexionar no para obedecer, se lo hará muy difícil tanto para la 4T como para la ultraderecha sionista (sí, olvidemos los partidos, sólo tenemos esas dos opciones). Si llega al poder la jauría mexicana de Trump tendrá que ser brutal y violenta para imponerse, cosa que seguro hará de mil amores. Sólo hay que recordar algo muy importante: el impulso internacional es hacia una modalidad de sionismo-fascismo. Ni Mussolini ni Adolfo tomaron el poder por el apoyo del pueblo, sino de las élites económicas. Ya no estamos hablando de ideología. O sea… la historia no se repite, ¡es la misma!


