Cárteles mexicanos: Un Imperio criminal sin fronteras

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La imagen del narcotraficante mexicano como un capo que opera desde las sierras de Sinaloa o en las calles de Estados Unidos se ha quedado obsoleta. 

Tanto como el fracaso de Trump  de movilizar a  sus soldados para  luchar contra el narcotráfico, vil pretexto para invadir países y apoderarse de sus recursos.

Una investigación  presentada en el Senado de Estados Unidos por la experta Vanda Felbab-Brown, revela una realidad mucho más perturbadora: 

Los cárteles mexicanos se han transformado en una red criminal global, con laboratorios de metanfetamina en Europa y África, rutas de cocaína que cruzan océanos y alianzas que se extienden por cinco continentes .

El testimonio de Felbab-Brown, basado en años de trabajo de campo, describe un escenario donde el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ya no son solo un problema para México y EE. UU., sino una amenaza para la seguridad pública, la salud y la estabilidad política de decenas de países. 

“Durante la última década, los grupos criminales mexicanos han ampliado significativamente sus operaciones fuera de México”, advierte el documento.

El alcance de los cárteles es asombroso y se materializa en tres grandes ejes de operación:

1. La Geopolítica de la Droga: de la Cocaína a la Metanfetamina

Tráfico de Cocaína: México sigue siendo el principal puente para la cocaína que llega de Sudamérica a EE. UU., pero su papel ha evolucionado. 

En Colombia, los cárteles han desplazado a muchos intermediarios locales, involucrándose directamente en la producción y comprando cosechas enteras para asegurar la pureza y el suministro. 

Esta competencia por el control de aliados y territorios ha sido un detonante de violencia en países que antes eran considerados pacíficos, como Ecuador y Costa Rica .

El verdadero salto cualitativo ha sido la expansión de la metanfetamina. La versión que producen los cárteles mexicanos es más potente y letal que la de sus competidores. 

Para abastecer mercados de alto valor como Australia y Nueva Zelanda, han empezado a establecer laboratorios a escala industrial en el extranjero. 

El informe destaca que “han establecido laboratorios de metanfetamina en toda Europa y África, asociándose con actores criminales locales y enseñándoles cómo producir la versión mexicana altamente potente y letal”.

En Europa, se han detectado laboratorios en Países Bajos, Bélgica, Francia, Polonia, Bulgaria y Rumania. 

En África, Nigeria, Sudáfrica y Kenia se han convertido en nuevos centros de producción, aprovechando el bajo control estatal y la disponibilidad de precursores químicos .

Alianzas Criminales Globales y el Peligro de la Salud Pública

Los cárteles no operan solos. Para moverse por el mundo, forjan alianzas con mafias locales. En Europa, se asocian con grupos italianos, albaneses y españoles para la distribución. 

En Asia, cooperan con redes chinas e indias para el suministro de precursores de fentanilo y metanfetamina .

Esta expansión no es solo un asunto de tráfico. Al pagar a sus socios locales con drogas en lugar de efectivo, los cárteles fuerzan a estos grupos a desarrollar nuevos mercados de consumo local para obtener liquidez. 

El resultado es un aumento devastador del consumo de drogas en regiones que antes eran de tránsito, como los países del Sahel y las naciones insulares del Pacífico. 

Como señala el informe, “la expansión del consumo de metanfetamina en el continente [europeo], que los cárteles parecen buscar, crea altos riesgos para la salud pública”, con el riesgo añadido de que la adicción a la metanfetamina se convierta en “un vector para el uso ampliado del fentanilo”.

El Crimen como Negocio Diversificado

Lejos de limitarse a las drogas, los cárteles han exportado su modelo de negocio a otras actividades ilícitas. En América Latina, controlan desde la minería ilegal de oro en Ecuador hasta la pesca ilegal en Costa Rica. 

En África, se han infiltrado en el tráfico de vida silvestre, utilizando el trueque de productos como las vejigas de totoaba para pagar precursores químicos a redes chinas. 

Esta diversificación, impulsada por sofisticadas redes de lavado de dinero, dota a las organizaciones de una resiliencia que las hace extremadamente difíciles de desmantelar.

Para Estados Unidos, esta globalización criminal representa un desafío directo a su seguridad. La capacidad de los cárteles para dispersar sus operaciones por el mundo los hace menos vulnerables a los golpes de las autoridades. 

“La expansión de los cárteles en el extranjero socava los esfuerzos de aplicación de la ley contra los cárteles mediante la creación de sistemas resilientes y redundantes de redes de producción y tráfico de drogas, lavado de dinero y flujos de ingresos”, explica el testimonio. 

Además, la inestabilidad y la corrupción que generan en países socios pueden ser explotadas por potencias rivales como Rusia, creando focos de inestabilidad global.

El testimonio de Felbab-Brown no solo pinta un panorama sombrío, sino que ofrece una hoja de ruta para enfrentarlo. 

La estrategia propuesta incluye:

Internacionalizar la respuesta; Ir más allá de la cooperación bilateral con México ; y crear frentes de inteligencia y acción conjunta con países de Europa, África y Asia.

Priorizar las drogas sintéticas: Enfocar los recursos en el desmantelamiento de laboratorios de metanfetamina y fentanilo, los más letales.

Atacar las finanzas: Desmantelar las redes de lavado de dinero, especialmente las chinas, que son el motor financiero de esta expansión.

La advertencia es clara: los cárteles mexicanos han dejado de ser un problema regional para convertirse en un actor global. 

El éxito en su contención requerirá una respuesta a la altura de su alcance internacional.

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