De profetas y fieras

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Ya hace seis meses de que Estados Unidos, aliado con el sionismo israelí (que no con los judíos), inició una “incursión” militar contra Irán, asesinando además al líder político-religioso y parte de su familia. Esa coalición sionista-fascista nunca respetó las negociaciones, aferrándose a imponer una paz condicionada a que el régimen iraní asumiera la derrota, muy seguramente en términos similares a Venezuela. 

Ahora se intensifican las hostilidades luego de que Estados Unidos atacó instalaciones militares iraníes bajo la presunción, razonable pero profética, de que iban a lanzar minas en el estrecho de Ormuz. El “toma y daca” sigue, y cada ataque de un bando se justifica con acciones y presunciones de ataques del otro bando.

Lo que no acaba de aclararse es cómo, a estas alturas de una guerra que nunca fue una mera “incursión militar” y que se extiende por Medio Oriente, el Congreso de los Estados Unidos sigue permitiendo que prosiga una guerra constitucionalmente ilegal y que amenaza con normalizar la pulverización del Poder Legislativo, es decir, la base representativa real de esa democracia estadounidense que tanto han presumido durante décadas. No hay que ser profeta apocalíptico para entender lo que significa esa guerra para el mundo, y especialmente en Estados Unidos y América: dictaduras legitimadas por una democracia deslactosada. Donde la tecnocracia es una élite apátrida poderosa, pero sólo es un instrumento que será finalmente devorado por autócratas. Y, ¡Ojo!, no hay autócratas de derecha o de izquierda. No es una pugna ideológica, es la ferocidad de depredadores rabiosos, nada más.

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