Bajemos el ruido interior

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De pronto, mientras avanzo por las calles aledañas al Parque Las Arboledas empieza el descubrimiento de un mundo nuevo. ¿Acaso siempre estuvo ahí?

Un pino largo sobre el camellón a pocos metros de la Iglesia San Jorge, una bicicleta blanca colgada de un poste en memoria de una ciclista fallecida.

Las fachadas de los negocios de la zona y sus anuncios empiezan a resaltar en detalle. Lo mismo sucede en el circuito que corremos en torneo al Parque del Gusanito, por la Avenida Lázaro Cárdenas, en Monterrey.

La existencia de parques que hasta hace poco desconocía, a pesar de que he pasado por ahí muchas veces en los últimos ocho años, me llaman la atención.
Mi mente es un mar en calma, que se danza sereno bajo la protección de la luna que asoma en la aún madrugada.

¿Cuál es el motivo de esta nueva conciencia?

Creo que he reducido el ruido interior de mi mente, para dar paso a una versión minimalista de mis pensamientos, definición que encontré en un libro que leí y del cual hablaré más adelante.

Mis tiempos han un subido un poco, es decir, me vuelto ligeramente más lento, aunque no tanto, para concentrarme en intentar adquirir esta nueva habilidad. Ya habrá tiempo de emparejar ambas habilidades.

En el último 10K, el tradicional de Fuerza Laboral, que se celebró el 20 de julio en el circuito Macroplaza-Morones Prieto, disfrute más el recorrido que otras veces, con la intención de ser más consciente del paisaje que acompañaba el trayecto.

No ha sido fácil deshacerse del viejo hábito de sobrepensar, y más cuando empezamos a correr con la idea de que el recorrido era un buen momento para sumergirnos en nuestros pensamientos y reflexionar.

A menudo pasa que sólo gastamos nuestra energía sin encontrar solución alguna, además de que dejamos de disfrutar el momento.

Al momento de correr, nuestros pensamientos lo mismo pueden ser nuestros amigos, que nuestros enemigos.

También me ocurre que hay momentos en que esos pensamientos parecen tomar vida propia, y llegan sin control de manera de cascada, respecto a algo que me preocupa.

De a poco, he ido aprendiendo a dejarlos pasar, sin detenerme en ellos, hasta que poco a poco van desapareciendo de manera serena. Ese proceso hace que mis músculos se relajen.

A medida de que el ruido interior disminuye en nuestra mente, el ruido exterior se transforma en una bella melodía mientras corremos.

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