El incidente es casi intrascendente: está por finalizar la primera parte del partido entre UNAM y Mazatlán en Ciudad Universitaria. Es juego dominical de la jornada 14 de este torneo Clausura 26.
Era el cuarto minuto agregado del primer tiempo. Los cañoneros roban una pelota en su propia cancha y envían el balón al frente. En ese momento ocurren tres situaciones simultáneas: el defensa de Pumas pierde el balón que parece tener controlado; el delantero de los Cañoneros queda en una posición de gol, enfilándose solo a la portería; y la jueza Katia Itzel García silba el final de esa etapa inicial. Todo al mismo tiempo.
A continuación surgen los reclamos: los jugadores mazatlecos se lanzan a reprocharle a la silbante, alegando que el sentido común indica que debía dejar que la jugada avanzara hasta su conclusión, para decretar, entonces, el descanso del medio tiempo.
Ese simple incidente ha sido detonante de una serie de señalamientos y ataques a la silbante por el solo hecho de su género. La misoginia encuentra caminos siempre abiertos para gritonear.
Incluso el entrenador del Mazatlán Sergio Bueno, exasperado por lo que habría considerado una decisión decretada por la incompetencia de la colegiada, le espetó un insulto antifeminista de acuerdo a una testigo que no ha sido refutada.
El incidente comprueba que las redes sociales son el resumidero del razonamiento colectivo, por donde se va el detritus de las opiniones de todos, convertidas en materia de desecho que se va al canal del desagüe, junto con otras inmundicias. Porque es en las páginas de socialización virtual donde más eco se ha hecho del asunto, con abundancia de señalamientos despectivos hacia la árbitra, que, por cierto, acudirá al próximo Mundial, como parte del equipo se jueces de FIFA.
También en los medios orgánicos de prensa, TV y radio se han cruzado opiniones sobre la capacidad de la señalada, a la que se le juzga toda la trayectoria por una sola jugada. No hay una razón mayor para determinar que su condición de mujer la hace menos capaz. Verlo de otra manera es una necedad.
Parece que los muchachos todavía consideran que el balón les pertenece y que las mujeres deben dedicarse a otras actividades.
Cierto, son los hombres los que más juegan el futbol en el mundo y lo han hecho durante más tiempo, a lo largo de la historia del deporte. Pero ya hay una mayor apertura, con ligas femeniles y una tradición en ciernes que se ha ido consolidando con el paso de los años. La pelota ya circula entre tod@s, como debe ser.
Como parte de estos avances evolutivos está el crecimiento de las chicas en su faceta de árbitras de los partidos. Katia Itzel García Mendoza no lo ha hecho nada mal. Cierto, tiene menos de 40 partidos sancionados como central en el futbol varonil de Primera División, pero más de 150 en la liga de mujeres. Es un caso notable, para sus 33 años, en los que puede presumir finales en campeonatos femeninos de Liga, Concacaf y Sub 17.
Además, es Premio Nacional del Deporte.
La originaria de la Ciudad de México ha hecho un trabajo notable con la ocarina dentro y fuera del país. Llama la atención porque, como mujer, se ha posicionado, con solida pisada, en un terreno que es deparado para los hombres.
Miente quien diga que los hombres han mostrado un desempeño inmaculado en el arbitraje mexicano. En este momento, muchos de ellos tienen un nivel por debajo de la que en estos días está en el candelero mediático.
Hay chicas, como Katia, que incomodan a algunas mentes débiles que habitan la machosfera. La ven como una amenaza, al no poder descifrar el enigma del sexo opuesto.
Los que se sienten inquietos pueden estar tranquilos y disfrutar el futbol a gusto, cuando ella está como la de negro sancionando las acciones.
Hace un buen trabajo. Denle una oportunidad y los va a sorprender gratamente.


