Lo que quieren, según esta especie, es que la nómina de los mandones esté integrada en el futuro inmediato por cinco, si se incluyen los universitarios norteños, a los que llaman el Manchester United del balompié totonaca.
En esta narrativa, que incluso han propulsado, también, algunos comunicadores cacofonistas que hacen al aire crítica de chicharrón, tras la salida de Ricardo Ferretti, se convocó al estrafalario y ruidoso Miguel Herrera para que condujera al equipo con formas de pirotecnia.
La idea es que se convirtiera el club en un aparador precioso al que voltearía a ver todo el entorno del balompié nacional.
El nuevo entrenador, cascabelero, dicharachero, mediático y polémico, jalaría reflectores para el propósito planeado.
Los que aluden esta trama siniestra son voces en el concierto nacional que ven con incomodidad el ascenso de Tigres.
Aunque lo minimizan, no dejan de voltear a verlo, porque ha hecho bien el trabajo, y ha opacado a los demás clubes en los últimos años. Aunque les duela aceptarlo, se ha visto mejor, en la última década, que América, Chivas, Cruz Azul y Pumas.
Lo más singular de este complot de Tigres, con su trama perversa para colocarse en el gusto de los fanáticos de México en base a billetazos, es que el equipo aporta los mejores números de la década pasada, por lo menos en ligas conquistadas, con cinco.
El equipo propiedad de Cementos Mexicanos, una de las empresas del ramo más grandes y rentables del orbe, obtuvo su último campeonato en el 2019 y desde entonces, aunque se ha colado, como presencia permanente en la Liguilla, no ha vuelto a dar el campanazo.
Con la salida de Tuca, también se renovó todo el aparato administrativo, y luego de la salida del “Piojo” Herrera, se subió al barco el entrenador argentino Diego Cocca, pero solo para dejar en ridículo a los directivos, al salirse del equipo cuando habían transcurrido apenas cinco jornadas del presente torneo.
Pero ahí está la organización de la Universidad Autónoma de Nuevo León dando la batalla. Tiene un trabuco que desde hace mucho tiempo llama la atención e impresiona, como si fuera un equipo vigoréxico, de músculos inflados por ejercicio y esteroides. Hay que remarcar que Tigres tiene en la banca a otro cuadro estelar.
En realidad, no hay tal plan para hacer que Tigres sea equipo nacional. Por más que le duela a sus malquerientes, es un hecho que ha incrementado su base de adeptos en los últimos años en todo el país.
No está ni de cerca con la cantidad de seguidores que tiene el América, pero ha hecho su luchita provinciana para posicionarse entre los favoritos de todo el circuito.
No por nada cuenta con el mejor delantero que ha venido a México en los últimos 20 años, el francés André-Pierre Gignac, que a donde va convoca aficionados. Para los que no sepan, es necesario aclarar que el equipo no echa mano de los fondos inagotables de la cementera.
Ha resultado tan buen negocio la operación del club, con todos sus añadidos productivos, que se mantiene solo, superavitario y con fondos revolventes.
Como es una empresa que no tiene socios, ni accionistas, las ganancias se revierten en el equipo, para mejorar a la institución, la experiencia del aficionado y, por supuesto, para reforzar al conjunto, con jugadores estelares.
Observo que el debate es permanente sobre la supuesta grandeza de Tigres. Lo que dicen mueve a la risa, por lo menos un poco.
Quieren restarle relevancia a lo que ha hecho, pero no dejan de estar al pendiente de su ascenso, como si temieran que se saliera de control. Lo cierto es que durante muchos años Tigres tuvo temporadas malas, pero desde hace más de una década ha estado conquistando éxitos.
Los que no quieren al equipo, deben acostumbrarse al ascenso, porque, como se ve en la actualidad, la tendencia no cambiará.


