¿El futbol es familiar?

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Cuando suceden hechos salvajes de violencia, con fanáticos asesinos en potencia sueltos en las calles como los que golpearon a los paramédicos después del juego de Rayados contra Cruz Azul, me preocupa que voy con frecuencia a los dos estadios con mi esposa y mis dos hijos de siete y cuatro años.

Todavía sigo creyendo, quizá ilusamente, que el futbol todavía un un espectáculo deportivo familiar, donde puedes acudir con la playera del equipo contrario en Tigres y Rayados sin recibir metidas de madre o un baño de cerveza, si tienes suerte.

Pero la realidad es otra desde que aparecieron las barras en las tribunas que contaminan a otros, y desaparecieron las porras de “¡a la bio, a la bao, a la bimbombá!”, y una familia rayada podía convivir con una tigre sin ningún problema.

Cuando vi la escena de la criminal patada que ese orangután -con perdón de los simios-, de nombre Jesús Fraga, le propina al paramédico tirado en el piso, sentí escalofríos y me llegó un “flash-back” sobre nuestras asistencias a los estadios.

También las directivas deben cuidar que la pasión desbordada en los partidos de varones, donde se han suscitado peleas sangrientas dentro y fuera del BBVA y el Universitario, no contamine a la LigaMx femenil porque sería una lástima.

Si bien en esta temporada la asistencia de público ha disminuido notoriamente para ver a las Amazonas y Rayadas, espero que puedan poner atención en la ingesta de alcohol que suelta la boca a algunos y algunas, sin pensar que alrededor hay niños.

Me pasó en el juego femenil de Tigres ante Toluca cuando una mujer notoriamente ebria -llevaba cuatro vasos a mitad del segundo tiempo-, escupía y palabrotas al árbitro y a las jugadoras contrarias. Una de ellas que empieza con la “v”.

Y no me asusta ese léxico. Lo que me preocupa es que las directivas que se han esmerado en que la LigaMx femenil se desarrolle en un ambiente familiar, y no vaya por el mismo camino que la varonil donde ha corrido la sangre. Y no solo en Nuevo León. Basta sólo recordar lo que pasó en Querétaro.

Hace años asistí a un Clásico al Volcán con mi esposa invitada a un palco por un amigo, y a ella se le ocurrió llevar la playera de Rayados.

No recuerdo quién ganó, pero saliendo un borracho descerebrado con playera de Tigres casi en avenida Universidad, acompañado por otros de su misma especie, se orinó mientras pasábamos a su lado.

Directivos, controlen la venta del alcohol que en ríos entra a las venas de un gran porcentaje de hinchas. Cuiden a la afición y a las familias por encima de ese negocio tan lucrativo.

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