El lujo del Mundial

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Qué en paz descanse el futbol. El deporte como se le conoció, el deporte con el que crecimos ya no existe. El deporte por y para las masas lo ha dejado de ser. La fiesta más grande del mundo, como aún le dicen para vender espejos, ya no lo es.

El fútbol ha dejado de ser popular para ser de élites, de círculos pequeños que pueden comprar entradas de 50 mil pesos y de gastarse en un juego arriba de 5 mil en esquilmos.

El futbol ya no es de las masas, o bueno, lo es para las masas que lo siguen por televisión o lo ven en lugares públicos porque a los estadios solo entran los pudientes. El Mundial no es para la mayoría de los habitantes, solo para ciertas clases.

El balompié ha entrado a otro nivel. Ya no es de hooligans ingleses, de alemanes descarriados o de argentinos buscando bronca nada más porque si. En eso, qué bueno que ha evolucionado el futbol de la Copa del Mundo.

Qué bueno que se ha vuelto una fiesta, pero una fiesta muy cara en los estadios, una fiesta más de selfies que de amantes del deporte y su país. Así es ahora el fútbol, una fiesta que aumenta de precio cada cuatro años, pero una fiesta al fin.

La FIFA es, por mucho, el organismo más influyente y recaudador del mundo. Debiendo generar más que algunos países que están participando en esta edición.

La máquina de hacer dinero, el movimiento deportivo más lucrativo que gobierna donde pisa. Cómo una embajada con inmunidad, así la FIFA en donde organiza su Mundial.

El mundial para cierta gente ya no para toda la gente. Fiesta al fin de cuentas, cara, pero bueno, cada quien gasta su dinero como quiere.

¡Qué viva el fútbol! Y la FIFA… a generar todo el billete con su copa. La más cara del deporte mundial.

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