Gol de Quiñones con dedicatoria

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El primer gol del Mundial 2026 fue anotado por Julián Quiñones, un migrante colombiano, naturalizado mexicano. Y afroamericano.

Convertido ya en figura histórica del futbol, por la oportunidad del tanto, su imagen es representativa del buen servicio que los extranjeros aportan a las comunidades que los reciben. En un mundo marcado por los desplazamientos humanos, por conflictos bélicos, políticos o sociales, Quiñones viene a demostrar que los forasteros pueden ser de ayuda valiosa, si se les acoge con hospitalidad y se le ofrecen medios para su desarrollo.

El gran dios blanco de la guerra que habita en una casona blanca en la capital del vecino país del norte, ha cerrado las puertas de su nación y a repudiado a quienes no son nacidos en su territorio, como si las lindes geográficas o la coloración de la dermis hicieran mejores o peores a las personas de adentro o de afuera.

Julián Andrés Quiñones Quiñones es uno de los casi 300 jugadores que participan en esta copa del mundo trinacional sin haber nacido en la nación que representan. Desde hace una década que llegó del sur, el moreno estaba determinado a ser uno más en estas tierras para ponerse la camiseta verde, en vez de la amarilla de su selección de de origen, en una tierra olorosa a café y refrescada por vientos de dos océanos.

Nacido en Nariño, en el extremo suroccidente de Colombia, llegó a las fuerzas básicas de Tigres, el equipo mexicano de la UANL, donde se integró a sus fuerzas básicas. Fue el caso del chico con ambición determinado a superarse. Ahora ya se sabe que migró por necesidad, pues buscaba cotizarse en un entorno más próspero, como el mexicano.

Tigres lo cedió a Venados de Yucatán en la división de ascenso y terminó debutando como profesional con Lobos BUAP, donde la rompió. Siguió demostrando su valor con Tigres que lo regresó con el primer equipo.

Entre este equipo, además de Atlas y América cosechó seis copas de liga. Emigró al balompié de Arabia Saudita y como ariete del Al-Qadisiyah, conquistó el campeonato de goleo. Por supuesto que es un logro para presumir haber derrotado en ese rubro a Cristiano Ronaldo. Además por allá recibe de salario el peso de sus piernas en diamantes.

Con su protagonismo en el arranque del torneo internacional, Julián es la cara visible de la esperanza de tantos desplazados que hay en el mundo.
Mientras los mandatarios luchan por empujar hacia la calle a millones de expatriados involuntarios que no tienen a donde ir, el futbol le da cobijo a todos. En un entorno global de exclusión, y pugnas diplomáticas para minar las fronteras y poner alambrada de púas en las garitas de ingreso, las selecciones han aceptado una obviedad: el talento no puede ser contenido en una burbuja nacionalista. En este Mundial se ha destruido la ilusión de las banderas como identidad única e irrenunciable.

Quiñones se formó en México, sin haber debutado en primera división allá en su tierra, como Lionel Messi se formó en España, sin haber jugado ni un minuto en algún club de su país. ¿Quién va a cuestionar el patriotismo argentino de La Pulga, que ya lo ganó todo en el planeta?

Ese gol del moreno mexicano es un grito de libertad en medio del intercambio de ladridos entre gobernantes y embajadores, pugnando por impedir que se asiente en sus colonias la gente que cruza el mar y el desierto, para buscar un mejor porvenir.

Algún día entenderán de lo que se pierden, mientras se niegan a enriquecerse con el intercambio cultural de los migrantes.

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