En Tigres se ha vuelto costumbre que la mayoría de los que salen lo hacen mal. Al parecer su directiva no tiene el tacto y fríamente les dicen bye cuando ya no caben en el equipo. Y ese no es el problema del todo, al final es una empresa y quienes toman las decisiones no están obligados a darte abrazos cuando te corren. Es más, hasta cierto punto resultaría hipócrita el hacerlo tiernamente.
Bastan con voltear hacia atrás y nos acordaremos. Tuca Ferreti, entrenador multi campeón a quien le trajeron al Piojo aún cuando le quedaban semanas de contrato al brasileño. Tanto así que siguió cumpliendo los días restantes en oficina sin hacer gran cosa. Chima Ruíz fue otro, figura felina que en el banquillo tuvo una salida negativa del club. Florian Thauvin, el francés que pasó sin pena ni gloria y que terminó demandando ante el TAS al club. Seguimos con Paleta Esqueda, quien luego de años denunció anomalías en su salida del equipo.
Alan Pulido, uno más, Espericueta ni se diga, promesa que terminó de pleito y con su carrera de paso.
Siboldi y su cuerpo técnico a los que se les fabricó una novela para dejarlos fuera de la institución. A Cordova lo borraron y Javier Aquino, bueno, es la última.
No es la directiva porque la anterior, donde también estaba otro ex tigre como Antonio Sancho, a la que también le cobraron factura, la aplicó a varios de los nombrados.
Tigres les da mucho pero también, a algunos, les ha quitado carreras o deteriorado las mismas.
Nadie es eterno y en una empresa hoy estás y mañana quien sabe. Son las formas institucionales las que siempre han llamado la atención. Porque las salidas de algunos en Tigres han sido escandalosas. Desde Carlos Muñoz hasta Javier Aquino. Dejando claro que Muñoz fue en una etapa donde la Rectoría mandaba y Sinergia ni existía.
Tigres como tal ha sido así y no cambiará porque nadie cambia, solo se ajustan a los tiempos.
En una época donde todo se sabe en redes sociales, todo se sabe, verdad o mentira, pero Tigres en sus períodos de contratación, bajas o altas, vive en un huracán, donde pareciera que la polémica va siempre de la mano en equipo.


