Es tradición esperar estos recesos en el campeonato mexicano para emocionarnos con los refuerzos. Todos esperamos contrataciones bomba, pero esta vez no ha sucedido nada, y eso sí nos tiene inquietos.
Sabemos que el Mundial de Clubes está por comenzar. Nos queda la esperanza de que, una vez terminada esa justa mundialista, lleguen dos o tres jugadores que den la nota de ocho columnas. Dios lo permita.
Sí, desde ahora, en esta próxima temporada, estaremos orando a todos los santos, dioses del Olimpo, mayas y aztecas, porque cuando leo que se están reestructurando, me da pendiente (¿quizá inquietud?), miedo y pesadumbre.
De nuestras leyendas, dos ya no estarán en su prime: Javier Aquino y André-Pierre Gignac. Otros dos ya se fueron: Guido Pizarro y Carioca. Solo nos queda uno, Nahuel Guzmán, y tenemos fe en que aún podrá darnos un par de temporadas más de excelente nivel.
Nosotros, los aficionados, sabíamos que esto sucedería más pronto que tarde, pero imaginábamos que sería poco a poco, no de un jalón. Tal vez lo intentaron: reestructurar sobre la marcha, pero los Mauricios no le han atinado a los suplentes de estas leyendas.
Entonces, tenemos a Guido Pizarro como nuestro director técnico. La afición lo apoya; le daremos el voto de confianza. Ojalá aprenda rápido de sus errores y corrija a tiempo para que su próxima temporada no sea un desastre y lo corten a medio camino.
¡A prender veladoras, cirios, sacar la Biblia, tener a mano crucifijos y el rosario! Todo lo que se les ocurra, hay que tenerlo listo. Lo necesitaremos. Dios nos ampare de una catástrofe.
Por último, quiero felicitar a mi hijo, Jorge Alan, por su cumpleaños. Un fuerte abrazo y mis mejores deseos. ¡Te amo!
Muchas gracias por la gentileza de su atención. Reciban un cordial saludo desde la ciudad de las montañas.


