La decisión de sacar del retiro el número 7 de Jerónimo de Barbadillo es una herida más profunda de lo que parece, y de lo que las nuevas generaciones suponen.
Una herida que, por ende, puede traer consecuencias, a mediano o largo plazo, por estarse erosionando las bases ideológicas y de identidad de la institución, que han sostenido la identidad tigre a los largos de los años y que han servido como combustible para seguir adelante en los tiempos difíciles.
Por falta de información se cree que quienes defienden el legado del “Patrulla” es gente que habla desde la posición de la nostalgia o de resistencia a la tiempos nuevos tiempos. No, se defiende porque solo si sabemos valorar el pasado, podemos aspirar un mejor futuro, y porque si se permite pueda abrirse la puerta a que hagan a un lado a otros valores o figuras fundamentales en la historia de la institución.
Y porque este tipo de acciones se dan justo cuando Tigres estaba dando un salto a la élite del futbol mexicano, creciendo en afición, basado en una identidad muy original y diferente al resto de los equipos del futbol mexicano. Una identidad que en lugar que en lugar de fortalecerse, se está erosionando.
De un tiempo acá ha cesado del debate de si Tigres es el quinto grande del futbol mexicano. ¿Por qué?, porque pareciera que el mismo equipo se está bajando de ese pedestal.
Cuando Osvaldo Batocletti dijo que si la afición se acordaba tanto de su generación era porque aún no habían surgido figuras nueva, no creo que se refiriera a que se les guardara en el olvido si esto sucediera.
Los líderes de opinión y la misma directiva tienen la obligación de informase primero ellos, si no les tocó vivir, para poder transmitir a las nuevas generaciones el legado de aquellos que construyeron la historia.
Y es obligación de los dirigentes salvaguardar esos valores y pasajes de la historia que dieron forma a la identidad del equipo, y no al revés.
Como ejemplo, si una madre se la pasa desvalorando la al padre ante los hijos, es obvio, que crecerán con una mala imagen del padre.
Y si, al contrario, la madre edifica la labor del padre ante los hijos, ellos valoraran lo que el padre ha hecho por ellos.
Así las cosas, si la directiva con esta y otras acciones está minimizando el legado de los héroes que le dieron gloria al equipo ante las nuevas generaciones, es obvio, que los jóvenes no le den el valor que merecen.
Puedo decir que la identidad que gira entorno a los Tigres y lo que proyecta en la comunidad, es única en México.
Recordemos esa identidad reflejada en, por ejemplo, la invasión del equipo al Estadio Alfonso Lastras, proyectos como la Fábrica de Garra, o la irrupción de una figura histórica a nivel nacional, como André-Pierre Gignac.
Una identidad que se ha moldeado bajo el fuego del sacrificio y el esfuerzo de muchos, como Roberto Méndez, quien este miércoles escribió una carta para defender el legado de Barbadillo, con la erudición, la inteligencia, la pasión y el amor a los Tigres que le caracteriza.
Méndez ha sido una pieza fundamental en la historia de los Tigres en varias etapas, por ejemplo, como directivo conformó el plantel que de manera heroica consiguió el ascenso ante la UdeG, en la temporada 73-74, en el llamado Partido del Terror. También, en su momento, escuchó la recomendación sabia de la “Pini” Gutiérrez, de darle la oportunidad a Javier Lozano, quien se convertiría en una leyenda del equipo.
Hay otros héroes que merecen el reconocimiento y ser visibilizados en la historia, como aquellos jugadores que entre 1967 y 1974 trabajaron duro para que Tigres lograra llegar a la Primera División.
De igual manera los que lograron el regreso al Máximo Circuito en la campaña 96-97, y aquellos, jugadores, cuerpo técnico y directivos, que dieron forma la década dorada del equipo.
Sobre el legado de Barbadillo ya hemos hablado en otras columnas, pero voy a resumirlo de esta forma: Jerónimo, parafraseando a Gabriel García Márquez refiriéndose al Margarito Duarte de la Santa, es el personaje que los escritores pueden pasarse una vida buscando, y sin embargo, ahí está, de carne y hueso, en la vida real.
Y es que Barbadillo representa técnica, creatividad, magia y fantasía con la pelota, espectáculo, efectividad, amor a la camiseta, desequilibrio, conexión con la tribuna, títulos. Perfectamente podría haber jugado en la época actual y también sería figura.
Y por si fuera poco llevó el nombre de los Tigres a nivel internacional cuando se convirtió en figura del Calcio Italiano, entonces la mejor liga del mundo, tanto que Diego Armando Maradona lo pidió para que jugara junto a él en el Napoli, y si no se le unió fue porque el presidente Udinese se negó a venderlo.
¿Piensan en mercadotecnia? Ahí está la figura de Barbadillo, con todos los elementos para traerlo al presente y convertirlos, con sus piernas zambas y magia, en un producto de actualidad.


