Se los dije a varias personas en aquel tiempo cuando criticaban la forma de juego de los Tigres de Ricardo Ferretti, pese a los títulos cosechados:
“Disfruten, no sabemos cuándo volvamos a ver otra época dorada”, tuvieron que pasar largos 29 años entre la anterior y la nueva época de oro de los felinos.
Pongamos en contexto. Cuántas épocas doradas ha tenido el América en su historia, cuántas el Cruz Azul, cuántas los Pumas o el Guadalajara, cuántas los Rayados, el Necaxa o el Pachuca. Veremos que se no alcanza para completar los dedos de una mano en la historia de cada uno.
Para que una época dorada se geste tienen que reunirse diversos factores que conspiran a favor: una directiva sabia y con liderazgo (en esta ocasión la sabiduría del Ingeniero Alejandro Rodríguez para gestionar los recursos y el material humano, y de un experto en contactos y negociaciones como Miguel Ángel Garza), el apoyo de una empresa, como Cemex.
Un técnico inteligente, disciplinado, con una estructura de juego y que sabía colocar a los jugadores en donde mejor rendían.
Una camada de jugadores con mentalidad calidad y mentalidad fuerte, con dos líderes que se echaban el equipo al hombro en los momentos difíciles en la cancha, como André Pierre-Gignac y Nahuel Guzmán, y otro líder no tan visible, pero que tejía los hilos por dentro, Guido Pizarro. Un líder en cada puesto y una base de mexicanos como Jesús Dueñas, Hugo Ayala y Javier Aquino.
Además de todo ello, es necesario contar con un poco de fortuna, un balón que entre o salga de la portería por unos centímetros, un penal errado por el rival…
A la distancia ahora lo sabemos y lo valoramos, mientras en plena reconstrucción Tigres intenta levantar otra nueva época dorada, o prolongar la más reciente, según el cristal con el que se mire.
Este sábado pasado ante el Toluca, en la Vuelta nos dimos cuenta que se necesita más que la garra para volver a alzar un título. Hay mucho que trabajar.
Empieza a sentirse nostalgia por la década dorada de los Tigres.


