Con cierta y desafortunada frecuencia, la válvula de escape de la sociedad que es el futbol profesional es insuficiente para desfogar las frustraciones, las desilusiones y los excesos de los aficionados.
La función social del futbol como entretenimiento es esencial ante los desafíos de sobrevivir en una comunidad tan desigual como la regiomontana; con un clima inclemente y la permanente zozobra de un futuro incierto. En 90 minutos y con más de tres cervezas en el estómago, miles encuentran una salida catártica a una semana más de dura sobrevivencia en un México cada vez más fracturado.
Mercaderes de la opinión y vendedores de ilusiones baratas, alentados desde una industria rapaz que vive de alimentar la burbuja de la esperanza de que “ahora si viene lo mejor”, invierten horas, gritos y megabytes en inflar jugadores, equipos y entrenadores de acuerdo a los presupuestos de publicidad, beneficios asociados con la credencial de prensa o por mero fanatismo.
Del otro lado de la pantalla, el aficionado consume insaciable ese contenido que entusiasma su deseo por regresar al estadio para darlo todo en la grada.
Lamentablemente, cuando en la cancha la burbuja se revienta con la derrota, en la grada las emociones estallan.
Este fin de semana, algunos aficionados del Club de Futbol Monterrey nuevamente volvieron a inundar las redes sociales con videos donde cobarde y ventajosamente agreden a quien se les puso enfrente, incluyendo propios y extraños.
Otra vez, la porra rayada, esa que imitó al crimen organizado colocando hieleras con fotos de las cabezas de los directivos de FEMSA. Otra vez, una de las que se presume ser de las mejores aficiones del país.
Otra vez, una pasión mal entendida por el aficionado, irresponsablemente fomentada por el periodista e impunemente solapada por la directiva mancha de rojo las calles de la ciudad.
Lo más triste es que la violencia en el futbol regresará, en Guadalupe o en San Nicolás, pero regresará. Y cuando eso pase, habrá que volver a denunciarla.
En la vida y en cancha, la impunidad se debe castigar.

