Los triunfos de Tigres ante Santos y Querétaro, la victoria de Rayados ante Chivas, y los juegos internacionales de Tigres Femenil contra Real Madrid y Barcelona, nos hicieron olvidar por un instante los bochornosos actos violentos que se vivieron el domingo 27 de agosto, cuando dos paramédicos fueron brutalmente golpeados por algunos integrantes de La Adicción.
No es el primer acto violento en el año donde participan miembros de esta barra, término sudamericano para este tipo de porras, que se caracterizan por su colorido, apoyo, cánticos, pero también por su violencia.
Parece que a los equipos, la Liga MX y hasta nosotros mismos, ya no nos espantan los lamentables hechos ocurridos en septiembre del 2018 en la avenida Aztlán, cuando un grupo mayoritario de seguidores del Monterrey, en su mayoría integrantes de La Adicción, agredió a una minoría felina (Libres y Lokos) y dejó a un muchacho gravemente herido.
Tampoco recordamos que hace más de una década, un policía de Monterrey perdió un ojo cuando una piedra lanzada por un aficionado albiazul, lo golpeó mientras cubría la llegada de los Libres y Lokos, la barra brava de los Tigres.
Sí, en los últimos años nos hemos acostumbrado al colorido que dan cada juego, a los cánticos durante los partidos (que son los mismos en cada cancha de México, copiados del fútbol argentino, solo con la letra modificada), incluso nos contagian en momentos bajos de los encuentros, pero estos incidentes violentos, los últimos salvajes contra los paramédicos, nos hacen ver también su mala cara, nos hacen replantearnos si son necesarios estos mal llamados grupos de animación, porque en realidad son porras que en ocasiones un pequeño grupo de sus integrantes confunden con pandillas y provocan incidentes como el del pasado 27 de agosto.
Para mi gusto, el costo a pagar por tener las barras es muy alto, muy riesgoso, hace que las familias se replanteen ir a un estadio.
Los barristas, al ver operativos cada vez más completos en un estadio, con conocimiento de que los inmuebles están llenos de cámaras, han trasladado los actos violentos a los alrededores de los estadios, causando pánico y terror a seguidores que solo van a divertirse viendo fútbol.
Creo que estamos a tiempo de evitar una tragedia y que es momento de tomar decisiones que quizá no sean tan populares pero sí necesarias, como erradicar las barras del fútbol mexicano, pensar en pro del espectáculo y de las familias que asisten a ver fútbol en forma pacífica.
Total, cuando ha jugado la Selección Mexicana en los estadios regios y no hay barras, el fútbol se disfruta en su estado original, como siempre ha sido en México, un espectáculo familiar.


