Ex futbolistas

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A partir de 1970 tuve mi primer acercamiento al futbol soccer profesional, como reportero de medios. Eran los tiempos de lo que muchos ex futbolistas llaman hoy “futbol romántico”.

Eran los tiempos del ascenso en la imagen de los Rayados de Monterrey. El Ing. Alejandro Rodríguez recién había entregado la estafeta del club de los albiazules al Lic. Alberto Santos de Hoyos. Eran los tiempos en que el nombre del entrenador Ignacio “El Gallo” Jáuregui se empezó a encumbrar en esta región, mientras que los Tigres auriazules seguían soñando con llegar a Primera División.

Pero bastó que el Dr. Luis Eugenio Todd asumiera su cargo de Rector de la UANL  en 1973 para que el Estadio Universitario fuera sede de un equipo de la máxima categoría, al llegar a un acuerdo con la directiva de los regiomontanos del Cerro de la Silla para que jugaran ahí como locales los Romeo Corbo, Milton Carlos, Guarací Barbosa, Paco Avilán, Luis “Huesos” Montoya, Magdaleno Cano, Ubirajara Chagas Bira, Erubiel Valdés, Tano Bertochi, etc.

Y la cosa se puso mejor al conquistar los universitarios el campeonato de la Segunda División a fines de mayo de 1974, lo que les dio derecho a empezar su camino entre los grandes de la época, con un primer Clásico norteño que terminó empatado a tres goles.

Mis años en los remolinos de este deporte se prolongaron hasta el 2003. Así es que tuve contacto en el terreno de juego con infinidad de figuras de gran brillo durante varias generaciones.

Y por eso busqué recientemente hacer una comparación de sueldos de aquel “futbol romántico” a la fecha actual, tomando en cuenta las crisis financieras de México de 1982, 1994 y las que nos trajo el llamado “Fobaproa” del presidente Ernesto Zedillo y otras del nuevo siglo.

Imposible hurgar en los secretos más recónditos de ambos clubes y sus jugadores, pero no tanto como para no advertir la enorme distancia entre lo que ganaban los futbolistas de la década de 1970 y marcar el contraste con las percepciones que la mercadotecnia moderna de todos los deportes profesionales ha logrado hoy.

Y curiosamente son los consumidores de boletos de entrada a los estadios y de uniformes o fetiches los que contribuyen a que la TV principalmente suelten la lana y promocionen a sus anchas lo que cae en sus manos a fin de dar a los clubes fuertes sumas de dinero a cambio de transmitir sus partidos como locales.

“Si no fuera por Televisa”, me dijo hace poco un directivo de un club de la ciudad de México, “no podíamos sostenernos de pie, porque los ingresos que nos proporciona son mucho mayores que los que obtenemos de los patrocinios”.

Y, por tanto, de ahí surgen las ganancias y los sueldazos de los protagonistas de la cancha. Por eso, los de antes desearían haber nacido en el nuevo siglo, para estar en la nómina de los Rayados o Tigres siquiera como un novato.

¿Por qué extrañarnos, entonces, de que muchos de los que están vigentes lo primero que hacen es adquirir automóviles de lujo y a veces tener una colección exclusiva, y darse la gran vida, al tintineo en el cerebro de la conocida frase “ahora o nunca”.

Sin embargo, nada es para siempre en cuanto al dineral que ahora se embolsan. Y ahí está el caso de numerosos ex futbolistas, de muchos ayeres y de ahora, a quienes he entrevistado para saber cómo la pasan después de su retiro de las canchas.

Créanme que hay historias conmovedoras de los que vieron llover aplausos y lana del cielo, pero hoy pasan severos apuros económicos.

Y no les ha quedado otro camino que vender seguros, contratarse por diez mil pesos mensuales en alguna actividad de negocios o empresas, vender las propiedades que habían adquirido o hacer la lucha por un espacio en la TV deportiva, no con el afán de vivir de esa percepción económica como vivían cuando fueron futbolistas profesionales, pero sí con la esperanza de ganar imagen y que alguien los rescate para ser entrenadores, asistentes técnicos, directivos, etc.

Todo por no prever el futuro fuera de los escenarios glamurosos del deporte profesional. Como han sucumbido grandes astros de Brasil y de Europa al ser arrastrados la vorágine de la vida diaria, como cualquier civil. Todo por no saber invertir en buena forma lo ganado en su tiempo de gloria.

Todo por el derroche irracional del dinero, sin que eso signifique privarse de lo que vale la pena disfrutar con mucho cuidado.

Todo por creer que las crisis no son para ellos y para aprender que la inflación, las decisiones gubernamentales de un pésimo político o una enfermedad prolongada, evaporan los ceros del dinero que era para un final feliz.

En otras palabras, por creer que les pueda ir como a muchos de sus colegas que sí la supieron hacer a este respecto, y mucho menos como al “Tuca” Ferreti que desde 1991 fue director técnico sin ser despedido jamás, hasta hace poco.

Porque entonces sí, la vida es una dicha, ganando lo que gana un entrenador y los premios que le sonríen por tantos éxitos y campeonatos durante décadas.

Es, en esas circunstancias, cuando uno piensa que ni su tercera generación familiar se acabará dicha herencia. Pero se trata de garbanzos de a libra.

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