Futbol bananero

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Por lo menos en los últimos 15 años, la narrativa permanente de dueños y federativos del futbol mexicano ha sido la meta de convertir a la liga profesional varonil en una de las más atractivas del mundo, además de alcanzar el famoso quinto partido en el mundial.

Esa narrativa idealizada se topa en seco y de frente con la realidad de los manejos maquiavélicos que los mismos dueños y federativos hacen de su negocio común; puñaladas traperas, patadas debajo de la mesa y madruguetes que nada les piden a los partidos políticos que juntos y separados bastante daño le siguen haciendo al país.

En la política, la forma es fondo. La bizarra contratación de Diego Cocca, la sorpresiva salida de Yon de Luisa de la presidencia de la Federación, más las “espontáneas” y consecutivas declaraciones de Alejandro Irarragorri y Ricardo Salinas sobre hacia dónde quieren llevar a la liga y a la selección dicen más que cualquier plan estratégico anunciado con bombo, platillo y diapositivas.

La realidad es que todo apunta a que la liga mexicana eventualmente se mimetizará con la MLS porque es en los Estados Unidos donde está el dinero, pero no el desarrollo. Es interesante que los planes de los dueños le apuestan a quitarle de a poco una buena rebanada del pastel a los estadounidenses. En ciudades como Los Angeles, Austin o Chicago, la taquilla reventará cuando vayan los mexicanos, mientras que, en Mazatlán, León o San Luis, difícilmente se llenaría si el local recibe al Kansas, Montreal o Cincinnati en juegos de temporada regular, no de eliminatoria de Concachampions como ocurre hoy.

Muy frecuente se ha dicho que tanto la multipropiedad como el acabar con el acenso y descenso son motivados para “proteger” a la liga de potenciales inversionistas de negro capital. Buena la intención, pero en total transparencia varios equipos deberían de dar a conocer cuántos beneficios ya reciben de parte de los gobiernos locales, como exenciones de impuestos e inversión directa. Esos recursos son públicos, de todos, y su manejo opaco y a conveniencia política es tan dañino como usar al futbol para lavar dinero del crimen organizado, como ya ha ocurrido, o quizá sigue ocurriendo.

Que la selección mayor varonil juegue la Copa América en el 2024 gracias a que (otra vez) el dinero de los Estados Unidos sedujo -legal o ilegalmente- a los directivos de la Conmebol no es algo para celebrar. A como se siguen dando los manejos internos en la federación mexicana y en el vestidor con las llamadas “vacas sagradas” de la selección, otro 7-0 como en 2016 no sería sorpresa. Tampoco sería sorpresa que el nuevo presidente de la federación sea Mikel Arreola, otro político de nombre y apellido rimbombante que habla mucho, actúa poco y decide menos.

Futbol bananero.

Horacio Nájera es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UANL y maestrías en las Universidades de Toronto y York. Acumula 30 años de experiencia en periodismo, ha sido premiado en Estados Unidos y Canadá y es coautor de cuatro libros.

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