Las llamadas pausas de hidratación han resultado una imposición aborrecible en el desarrollo de cada uno de los partidos del presente Mundial de futbol.
La FIFA ha desnaturalizado el juego en el nombre de la comercialización, y ha instrumentado cambios que afectan la ceremonia futbolera como la conocíamos.
Como todos saben, el futbol se ha jugado en dos tiempos de 45 minutos, más minutos de reposición. Ahora, desde que inició esta copa planetaria 2026 por vez primera en la historia, a la mitad de cada una de esas etapas, el árbitro detiene las acciones con el pretexto de permitir que los jugadores se refresquen con líquidos, para que su cuerpo no sufra el desgaste del esfuerzo provocado por el alto rendimiento. Cooling break, se llama en inglés este lapso de descanso de tres minutos. Los juegos que antes eran de dos tiempos ahora son de cuatro.
Los críticos numerosos señalan que este nuevo formato ha sido impulsado por dueños de equipos de futbol que lo son, simultáneamente, de franquicias de la NFL o de la NBA, ligas que encuentran altamente lucrativa la división de los partidos en cuatro períodos, pues le da oportunidad a las transmisiones de presentar más comerciales durante todo el evento.
En el futbol mexicano, hace algunos años se intentó hacer esta pausa de comercialización en los partidos de televisión, exactamente al minuto 45 de cada tiempo, en el momento del desenlace de los partidos. Los resultados fueron funestos, de repudio total de la afición que abucheó estas disposiciones por lo que la Federación Mexicana de Futbol, sabiamente, decidió suspender esta novedosa forma de recaudación.
El Mundial ha capturado al futbol para su explotación a un nivel que parece lujurioso. Si se puede hay que exprimirlo, parecen decir los comercializadores de la fiesta que se celebra en México, Estados Unidos y Canadá, para obtener más y más réditos, aunque vaya esta disposición en detrimento del balompié.
Un brillante análisis efectuado por Agua Quemada (aguaquemada.mx) sobre las pausas de hidratación en el presente Mundial 2026 indica, entre otros, factores, que la interrupción del juego afecta directamente el rendimiento de los jugadores, que al parar batallarán para reactivar su ritmo cardiaco y hasta el metabólico. En todo caso, de acuerdo a especialistas que consultaron, si se propone una pausa de enfriamiento para ayudar a los jugadores, esta debiera ser de seis minutos, lo cual sí afectaría decididamente el ritmo del juego y todo el desarrollo den un cotejo.
Esa desaceleración repentina afecta notablemente la inercia de los equipos que atacan, pues les rompe una inercia física y mental de asedio sobre sus oponentes, que toman un respiro y pueden preparar una mejor estrategia para defenderse. Esto se traduce en menos llegadas y, eventualmente, menos goles, para decepción del aficionado. El futbol es un deporte de flujo continuo y el desgaste de sus participantes es una variable competitiva esencial. El que se prepara mejor para soportar el cansancio se ve afectado injustamente por esta supuesta ayuda, motivada por las pausas de la comercialización.
Afortunadamente en algunos partidos del Mundial he escuchado abucheos de la tribuna en respuesta al intervalo en la cancha por los comerciales entrometidos. Una cadena de televisión internacional que transmite los juegos en español, solidaria con la afición, se abstiene de meter anuncios mientras los futbolistas toman agua.
Espero que se difunda el rechazo de la fanaticada a esta medida. Ojalá el secretario general Gianni Infantino tome duchas frías para que se le baje la fiebre que lo posee por echar dólares a las arcas de las FIFA en Zurich. Se lo agradecerá el futbol jugado, como Dios manda, con dos tiempos cada uno de 45 minutos continuos.


