Tantas hazañas logradas por Julio Urías en el montículo, ponchando a bateadores de alto nivel en la llamada #Gran Carpa” o beisbol de”Grandes Ligas”, se le han revertido al sinaloense en un instante de furia e inmadurez humana. Y ahora, en lugar de ver al gran pitcher acariciar la esférica alrededor de sus costuras y levantar los brazos para lanzar fuego al plato, lo hemos visto ponchado. E imposible que los medios informativos, acostumbrados a la reseña de sus logros “en el mejor beisbol del mundo”, ahora lo han exhibido en la bajeza noticiosa de la violencia familiar.
Cero y van dos. En 2019 ya había pasado el trago amargo de la denuncia formal de su novia por haberla maltratado. La mujer se acogió al principio evangélico del perdón y a la propuesta social de la reconciliación. “Fue un momento de ofuscación de Julio”, le dijeron las personas más cercanas a ellas, “pero, si aprovecha la experiencias y tan dura lección de ser llevado ante las autoridades, va a cambiar”. Y les hizo caso. Pero el temperamento colérico bilioso y el matiz de machismo se han vuelto a combinar, y hoy las consecuencias se anticipan con el calificativo de desastrosas. Julio Urías está en el ojo del huracán de las críticas, precisamente en la mayor etapa de reprobación en toda la historia humana por una conducta así. Sobre todo cuando se trata de una figura pública y su fama impacta a las audiencias de los medios por lo bueno y lo malo de sus actos, tanto dentro del campo de jugo como fuera en su comportamiento civil. Aquí no hay invasión a la vida privada, aunque la información puede desbordarse con esa dosis de sensacionalismo que no se apaga de buenas a primeras.
Julio Urías ha tenido que pagar 50 mil dólares para ser liberado de la prisión. Pero de la cárcel de los duros comentarios nadie lo salva. No porque se trate de jueces aprovechados y metiches, sino porque la altura y el nivel de su carrera beisbolística son proporcionales a la indignación que causa tan torpe e imprudente forma de desquitar su coraje con una mujer. Ah, y es imposible que los psicólogos de pacotilla en las redes sociales dejen de hacer cera y pabilo de quien iba en ascenso rumbo a grandes premios que coronarían su trayectoria como pitcher, y hoy le dan gusto a su sed de venganza echando lumbre a sus “análisis científicos” y estudios de una personalidad enfermiza. Qué le vamos a hacer.
Su “pecado” se halla en el claustro de los responsables del club deportivo al que pertenece “orgullosamente” Julio Urías. También lo considerar en toda su dimensión los jerarcas de las “Grandes Ligas”. Y se espera que el veredicto interno sea muy severo. E, igualmente, será desastroso para el gran pitcher el ineludible retiro de las marcas que antes se banqueatearon con su imagen con fines publicitarios. Ni modo. El escándalo siempre deja huella y consecuencias de todo tipo. Por eso, muchos “conocedores” del deporte profesional y aficionados están pronosticando el fin . que pudo haber sido glorioso, de nuestro paisano, y no podemos ignorar que en muchos casos este proceder se apega al dicho de hacer leña del árbol caído.
Sin embargo, es fácil deducir que en el interior de Julio Urías ha de pesar como una loza enorme la comparación que se hace a nivel masivo de lo que otros de sus colegas consiguieron como leyendas del beisbol estadounidense, por haber sido motivo de esta clase de noticias, como Fernando “El Toro” Valenzuela, a quien todavía hoy le hacen homenajes retirando su número 34 de los Dodger’s. Y no se diga de quienes han sido entronizados en el famoso Salón de la Fama de Cooperstown. De ahí que siempre hay que pensar en los efectos de nuestros impulsos destructivos, y prever lo que viene después de soltar al demonio de nuestra irracionalidad en todos los niveles de la vida. Por lo pronto hay desear mucha paz interior a quienes nos dio grandes satisfacciones en su trabajo desde el montículo, aunque ya se ha venido apagando en las estadísticas de triunfos y derrotas.


