Definitivamente la afición a la Fiesta Brava podemos catalogarla dentro de los fenómenos sociales bastante complejos, pues en ella convergen aspectos culturales, de tradición y definitivamente lo que corresponde a los gustos y a la pasión.
Para muchos quienes gustamos de este arte-espectáculo, debemos tener amor y admiración por todo lo que rodea al toro y a las corridas de toros en su conjunto.
Aunque no lo parezca el aficionado a la Fiesta Brava, debe tener respeto hacia el toro, a su origen y a su crianza que es bastante compleja por cierto, así mismo guardar respeto a quien se viste de luces y que expone su vida frente a un toro bravo, y algo muy particular debe amar profundamente las tradiciones de la fiesta popular heredada por muchos siglos atrás por España.
La Fiesta Brava además de su esencia histórica y cultural, es generadora de riqueza para muchas personas a su alrededor, pudiendo citar a los ganaderos, empresarios, toreros y para todos aquellos que participan en la crianza de la especie y del espectáculo ya formalmente dicho.
Muchos han llamado a la afición de la Fiesta Brava como “El mal de montera” refiriéndose quizá al sentimiento de los propios ejecutantes del toreo, que resulta todavía con mayor complejidad y misterio, solo quienes han estado frente a un burel podrán explicar, esa adrenalina que correrá por todas las partes de su cuerpo.
En este caso como simple aficionado, puedo manifestar mi gusto por el espectáculo taurino en su conjunto, así como el respeto que le tengo a nuestras costumbres, cultura, tradiciones que nos han heredado de generación en generación.
Ya el entendimiento y conocimiento de la lidia, de las suertes, del comportamiento del toro y de las ejecuciones de los toreros, las dejo a los “entendidos” del toreo.
Como aficionado a los toros, me quedo, con el arte, la valentía y las tradiciones culturales hispano mexicanas.


