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Otra vez, los penales. Otra vez, Toluca. Otra vez, Purata. Otra vez, Gignac. Otra vez, las lesiones. Otra vez, Tigres subcampeones.

Dicen que portero sin suerte no es portero. Esta noche la suerte se le cargó a Luis García y abandonó a Nahuel Guzmán, quien se quedó a poco de parar dos penales que hubieran sido la diferencia, la revancha y la mejor despedida para la leyenda francesa que, en un ejercicio de honestidad y humildad, debe de decir adiós, ya. Gignac falló a bocajarro, fresquecito.

Ese era el gol que mataba al diablo, que vengaba a los Tigres de la final de liga que se perdió en la misma cancha y de la misma forma.

Más aún, era el gol del éxtasis, de la promesa de André, quien tras el campeonato en Guadalajara ofreció dos campeonatos más antes de retirarse.

Dos veces en Toluca y una con América se tuvo la oportunidad, pero no la capacidad.

Ozziel, como de costumbre es intermitente hasta para lesionarse. Triste y escalofriante la lastimadura de Marcelo Flores, quien apenas horas antes fue convocado a la selección canadiense que va al mundial.

El rostro en shock del joven mientras esperaba la atención médica fue impactante.

Guido sigue pagando muy caro el noviciado de tener un equipo que llega a finales. La estrategia de “T en B” (todos en bola) no siempre te ve a salir.

En lo táctico, este fue un partido como muchos otros: se sufre, se presiona, se domina, pero no se anota. Mucho centro, mucha ruleta, mucho firulete, pero poca eficiencia.

Falló Gorriarán, ese que pocas veces se equivoca. Hasta en eso la trajeron volteada los felinos. Que si la tiró suave o que si no le dieron las piernas, ya que importa.

Y luego, llegó el de siempre: Purata, el que para muchos es el magneto de las desgracias en eliminatorias.

Tigres perdió con otro equipo que jugó sin seleccionados nacionales, lo que hace más grandes los brochazos del fracaso.

Viene nuevo campeonato, con nuevo dirigente y con la urgente necesidad de cambiar lo que se tenga que cambiar y a quien se tenga que dejar ir.

La famosa renovación ya comienza a sonar a disco rayado. Hay que blindar a los que juegan y rodearlos de quienes si quieran jugar.

Ah, y de pasada, una vueltecita a la Petaca, Nuevo León, no estaría de más…

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