Tigres llegó mucho más lejos de lo que suponía la feligresía.
Se enfrascó en un duelo a muerte, con Toluca, el mejor equipo del torneo y al final sucumbió por muy poco. Se enfrascó en una serie de penales larguísima que, prácticamente fue decidida por el destino. Ángel Correa, el mejor jugador de los felinos en el torneo, falló al final. Por los Diablos, Alexis Vega, quien entró lesionado, solo para insuflar el ánimo de sus compañeros, anotó el último de la tanda y se convirtió en héroe. A veces el futbol tiene estas historias azucaradas, muy parecidas a la realidad que se niega a transcurrir aburrida.
En su primer torneo que termina, el Apertura 2025, el entrenador Guido Pizarro demostró que está hecho para el liderazgo. Se sintió muy cómodo en el banquillo de los profesores e hizo un buen torneo, al llevar al once hasta la instancia última. Pagó la novatada, pues en el juego de vuelta, regaló todo el primer tiempo y parte del segundo, con suficiente libertad para los choriceros, que no tardaron en empatarles y avasallarlos, pero, eso sí, sin que pudieran concretar la remontada en tiempo regular que, luego, se concretó con la serie del cobro de los once pasos.
Guido le ha dado estabilidad al club. Luego de una seguidilla de intentos fallidos por encontrar la paz, parece que el equipo localizó su acomodo. Cuando se fue Ricardo Ferretti en el 2021, había terminado una era en Tigres, con una década brillante, llena de trofeos y jolgorio para la fanaticada. Entregó buenas cuentas el estratega brasileiro, pero con él se fue una forma de trabajar marcada por la disciplina y el compromiso. Y había que empezar desde el principio. Al partir, parecía desdibujado todo lo que se construyó a lo largo de una época brillante. Los ensayos que la directiva hizo luego con otros entrenadores parecieron diagramas fallidos de una maqueta que luego tuvieron que rehacer por completo.
Con Guido se ha compactado el vestidor y la afición se siente satisfecha. A fin de cuentas de eso se trata, darle satisfacciones a la tribuna, pues si no hay una comunión con la clientela difícilmente se puede avanzar en un proyecto deportivo que busque despegar con armonía sobre bases de acuerdo entre todas las partes involucradas.
Nahuel, Gignac, Aquino, los próceres venerables, ya van de salida. Las viejas glorias están cansadas y es merecido darles una jubilación dorada, un retiro lleno de encomios, pues sirvieron bien a la institución, pero es tiempo de los relevos. El francés tiene una última llamada en esta campaña, no se sabe si el defensa renovará. Nahuel aún se sostiene firme en la puerta, pero su reloj de arena ya deja caer sus últimos granos.
Ahora vienen Oziel, Joaquim, Lainez, Antuna, Chicha, Rómulo, Purata, una camada de jóvenes que tienen capacidad probada. No se sabe cómo resulten en el tema del liderazgo. Hasta ahora no han demostrado nada. Pero corresponderá a ellos llevar la nave que recogerán, para guiarla hacia otro capítulo de grandeza anhelado por su afición.


