No sé si la derrota en Ciudad Juárez sea el penúltimo o el último clavo en el ataúd de los Tigres en este torneo.
Desconozco si alguien con poder e influencia dentro de CEMEX o Sinergia Deportiva se siente tan avergonzado de ver en lo que ellos desde el escritorio, los jugadores en la cancha y el técnico desde el banquillo han hecho con algo más grande que un equipo profesional de futbol.
Ganar, perder o empatar son las tres variables posibles en un partido. De esas nadie se escapa. De lo que si hay que escapar es de la mediocridad, y más cuando se tiene la mejor oportunidad de hacerlo enfrentando al peor del campeonato.
Algo pasó, y sigue pasando, adentro de Tigres que sigue corrompiendo mucho más que lo deportivo. Esa mística, conocida también como el ‘perfil tigre’ se acabó de desmoronar en el estadio Benito Juárez de la UACJ.

Tanto tiempo que costó salir del grupo de los participantes y saltar a los protagonistas. Tanto tiempo que se gastó frente a la televisión, en el tráfico rumbo y de regreso del estadio; tanto dinero que se destinó a la playera, la cachucha y el banderín.
Como los marcadores en la cancha, la alegría, la tristeza y el enojo son resultados invariables para los que estamos en la tribuna o en el sillón. Lo que también para nosotros no es negociable es la indiferencia, porque un tigre nunca deja solo a otro tigre.
Lastimosamente, los 11 de la cancha, el que los dirige, y los que están en las oficinas, ya nos dejaron solos.
Si eso era plan, felicidades, lo lograron.
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