La polémica de la semana en el futbol mexicano la protagoniza el Club América.
El partido del pasado domingo 3 contra Pumas, de cuartos de final, terminó empatado a tres goles, pero los cremas incurrieron en una pifia reglamentaria que pudo haberlos eliminado de la Liguilla.
El asunto se ve sencillo: es el minuto 62. El aguilucho Sebastián Cáceres sufre un golpe en la cabeza que lo mantiene tirado en la cancha. En la banda, simultáneamente se alistan tres cambios del mismo equipo. Cáceres se levanta y sale del terreno, imposibilitado para continuar. En ese momento, se hace la sustitución: Thiago Espinosa entra por Miguel Ángel Vázquez. El procedimiento de reemplazo fue perfectamente ejecutado.
Inesperadamente, Paulo Rodrigues, auxiliar técnico del América, empuja a Vázquez para que regrese al terreno de juego. Con esto, buscó y consiguió que el sustituido fuera Sebastián, que ya no podía regresar, por una fractura que luego fue detectada.
El partido siguió, con el resultado anteriormente mencionado. Pumas protestó el movimiento de relevo. Queda visto que fue antirreglamentario. De acreditarse, las Águilas hubieran quedado fuera de la eliminatoria.
Pero la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol determinó que la irregularidad fue una “omisión” del cuerpo arbitral, y no una “alineación indebida” como argumentó el equipo de la UNAM. El castigo es solo una multa para el Ame, que jugará la próxima semana el partido de vuelta en la casa de Pumas.
Hay escepticismo en el entorno del balompié nacional, pues es muy evidente que los federativos hicieron una interpretación favorable del reglamento para beneficiar al club más reconocido del país y con mayor cantidad de seguidores.
No gozó del mismo favor Tigres, que se vio envuelto en una polémica similar. El 21 de mayo del 2022, el conjunto de la UANL incurrió en una falta reglamentaria de corte similar. El sábado 21 de mayo jugaba la vuelta de semifinales ante Atlas, en el Estadio Universitario. En la ida los rojinegros habían ganado 3-0. Los felinos se aprestaban a la remontada.
Pero el entonces entrenador de la U, Miguel Herrera, torpemente metió a nueve extranjeros en vez de los ocho permitidos, y el partido que había terminado 4-2 en favor de Tigres quedó en 2-0 reglamentario en favor de los Académicos, que avanzaron.
Nadie impugnó la sanción, pues era demasiado evidente el atropello de Tigres, que perdió en la mesa el partido que, por lo demás, ya no le servía de nada, pues había caído en el marcador global en buena lid.
Pienso ahora en la diferencia de criterios en la aplicación del reglamento entre un equipo y otro.
Creí que ya había sido superada aquella etapa en el futbol mexicano, en la que los llamados Millonetas del América recibían favores abundantes y generosos de los árbitros y de los encargados de marcar directrices del futbol, porque su propietario era Televisa, la entonces omnipotente empresa de telecomunicaciones que era la dueña absoluta del balón que se jugaba en México.
La abyecta exposición de la imagen del equipo a todas horas, por parte de la televisora, se veía reflejada, también en la actuación de los silbantes, como luego lo reconocieron, aunque tímidamente, algunos periodistas que ahí trabajaron y hasta ejecutivos de la misma empresa.
La apertura de los medios, la madurez de los televidentes y el relevo generacional de los dueños del consorcio de comunicaciones, movían a superar que aquella etapa de regalos había sido superada.
Quién sabe. Algunos vicios pueden regresar de forma cíclica.
Eso es lo que se ve por ahora.


