Mexicanos al grito de guerra

Últimas Noticias

La convocatoria de Julián Quiñones a la selección mexicana ha provocado que no pocos personajes se rasguen las vestiduras escandalosamente porque, a su criterio, es anatema integrar a un no nacido en el país en el tesoro y patrimonio nacional casi sagrado que es el tricolor varonil mayor, en especial cuando se vienen la Copa América y el Mundial de 2026.

Hasta ahora, los tres argumentos mas utilizados para despreciar a Quiñones, que tiene ocho años de vivir y jugar en México, son: que ya se tienen buenos jugadores en su posición en el Tri, que su llegada es una forma cómoda de los federativos de cubrir su falta de resultados en la generación de talento local, y que la selección debe de ser solo para los de origen o ascendencia azteca.

De continuar en el Tri, el futbolista de origen colombiano se estaría peleando un lugar en la delantera con Raúl Jiménez, Henry Martín, Santiago Giménez y quizá Alexis Vega. Si juega por las bandas, su competencia serían Hirving Lozano, Jesus Corona y Uriel Antuna.

Hasta ahora, solamente Giménez -quien por cierto tampoco nació en México ni es hijo de padres mexicanos- va adelantado en la titularidad con sus buenos resultados en Holanda. Vega es indisciplinado e intermitente, Martín es más voluntad que contundencia, y la incógnita que es Jiménez tras su terrible lesión continúa.

Por las bandas, la regularidad está con el “Chucky”, quien con el regreso a la Eredivisie deberá de jugar más y mejor. Ya de regreso con Rayados y recuperado de su lesión, el llamado “Tecatito” es aún incógnita, aunque no tanto como lo es Antuna, que sigue quedando a deber tanto en la liga como en la selección. Quiñones ya fue bicampeón y ahora con el América sigue pesando en el funcionamiento del equipo.

Decir que el colombiano no es formado en México y que su convocatoria es un parche de la federación para tapar su ineficiencia en regenerar la plantilla de futbolistas es una verdad a medias. Es cierto que el futbol profesional como sistema formador de jugadores de élite está de cabeza y quedó demostrado con el regreso del veterano Héctor Herrera y los coqueteos del entrenador a Javier Hernández -lesionado- y hasta Carlos Vela -indiferente- para un eventual regreso a la selección.

En la copa mundial de Qatar, 28 equipos -México incluido- llevaron jugadores nacionalizados, ya que sean buenos o malos es conversación aparte. En un mundo globalizado donde la movilidad humana es parte de la cotidianeidad, cerrarle la puerta a un deportista con talento y quien por gusto o disgusto adoptó un nuevo país como suyo, es simplemente pegarse un tiro en el pie. Ahora, que, si en la razón de rechazar a un naturalizado influye su color de piel, pues entonces el balazo pega en el corazón y nos atrasa todavía más como sociedad y como gremio.

Hipocresía, racismo y xenofobia en el futbol mexicano es pedir que se llamara al “Tuca” como entrenador y rechazar a Quiñones como jugador. O somos o no somos.

Ahora, si algunos directivos y periodistas se quieren seguir enredando en la bandera, pues entonces exploten la posibilidad de traerse al Tri a los muchos mexicoamericanos que están formándose en el norte. Bien comidos, bien entrenados y bien equipados, bastantes de esos talentos añoran vestir de verde y no de azul, porque, aunque nacieron allá, sus lealtades y amores siguen apuntando al sur.

México no es Argentina, Uruguay o Brasil, que producen futbolistas por montones. La muestra más clara del valor de un naturalizado está en el beisbol, donde el brillante cubano-mexicano Randy Arozarena fue clave para que en el clásico mundial el equipo nacional se quedara con el tercer sitio. Julián Quiñones llegó al país siendo menor de edad y ha sido multicampeón; su cuota de retorno al país que lo adoptó ha sido bien pagada, por ello merece una oportunidad en una selección a la que de diez naturalizados
que se han integrado en su historia, seis participaron en un mundial.

Al país han llegado brillantes futbolistas que se han naturalizado. Hasta ahora ninguno ha sido consistente, brillante y oportuno para marcar la diferencia en el tricolor en una copa del mundo. Eso no es culpa del jugador, es culpa de los que gestionan las convocatorias.

- Anuncio -

Columnas

- Anuncio -