POR JOSE MANUEL MEZA
Rara vez dedico dos horas de mi tiempo a ver un partido de futbol, pero con un poco de insomnio me enganché en el juego de México contra los Estados Unidos. Todo mundo lo dice, que fue vergonzoso. Pues sí, pero no por la goleada que le propinaron al combinado tricolor, sino por el pésimo comportamiento de los jugadores y el público.
Y luego nos quejamos que los mexicanos somos mal vistos en el extranjero; pues cómo no, creo que tenemos un problema cultural muy arraigado. No vamos a desgarrarnos las vestiduras ni justificarnos argumentando que los estadounidenses no son santos de la devoción, pero en lo que a México se refiere la imagen que proyectamos es algunas veces muy negativa.
A nivel deportivo, para mí, el técnico o la directiva planteó mal ese partido. Da la impresión de que a Diego Cocca no le incomodó que sus jugadores estuvieran tirando patadas a diestra y siniestra a los norteamericanos cuando se vieron superados. Y eso da a entender el mensaje que se dio desde el vestuario. Pero los futbolistas deberían comprender que la arenga de salir a matarse al juego del campo no significa ir a agredir a los contrarios.
Y no se está viendo nada nuevo con respecto a la era de Osorio y del Tata Martino. Muy mal Uriel Antuna, para mí no debería estar en Selección. Se me figuraba ver jugar a Zague, perdiendo los balones de trámite y no sólo eso, golpeando al estilo de Aurelio Rivera a los oponentes de manera artera. Y Cocca no lo sacó.
De hecho, los agravios se contagiaron a las gradas. El combinado mexicano mal y parte del público también muy mal. No es malinchismo, pero muchas de las personas que fueron al estadio entraron a los Estados Unidos de forma ilegal. No significa que debamos humillarnos ni extenderles a los vecinos un tapete, pero hay que saber respetar las casas ajenas. El futbol es una competencia de destreza y el sistema del Tri ya no le está funcionando.
Veremos cómo le va en la Copa Oro, pero no avizoro algo diferente si siguen haciendo los mismos planteamientos que hasta los comentaristas de Televisa critican.
Por el contrario, Estados Unidos tiene un concepto de competencia admirable. Entró en el negocio del futbol sabiendo que a la larga sus atletas dominarían este deporte y al menos en la Concacaf ya lo están haciendo, junto con los canadienses.
Ellos se encuentran más adelantados en la ciencia del deporte y en los programas de entrenamiento. Su preparación está encaminada a que los jugadores obtengan mejores rendimientos en espacios cortos, en los sprints, regates y en la táctica, y es algo que ya se mira en los diferentes palmos del terreno. A Edson Álvarez Pulisic lo desnudó; sin embargo, esto no es el acabose de México, pero sí un punto de referencia y podría serlo de inflexión.
En resumen, en tiempos de polarización mundial los buenos aficionados que acuden a un recinto deportivo, y especialmente las familias, lo último que esperan es ver jugadores delincuentes que desaten trifulcas en las butacas y se creen odiosas rivalidades.
Vaya, en la vida cotidiana los mexicanos y los estadounidenses trabajan juntos y edifican esas grandes ciudades, parques industriales y centros comerciales, pero no por eso deberíamos sentirnos indispensables.
En algún momento las remesas del dinero que los connacionales obtienen trabajando muchas veces de ilegales en la Unión Americana llegaron a ser mayores que los ingresos petroleros.
El Peso Mexicano se mantiene fuerte precisamente por inversiones estadounidense en territorio nacional, por ser el mayor asociado comercial del país y por las mencionadas remesas.
La Federación Mexicana de Futbol debería entender eso y tener el atino de dimensionar que un deporte que sirve de escape para muchos aficionados puede resultar mucho más negativo que el dinero que se embolsan organizando partidos en las canchas norteamericanas. ¿Les interesará a caso?
Y dejemos ya de vivir del pasado, de que nos quitaron el 55 por ciento del país. Eso nos pasó por idiotas, por falta de educación y de buenos valores. Es decir, tenemos una cultura corrupta desde la época colonial, pero qué nos queda. Ni modo, con lo que tenemos tratar de llevar una vida mejor, pero por desgracia es notable que la violencia, no solamente en el deporte, sino en otras esferas de la sociedad sigue ganando terreno. Dicho así las competencias si no se aprovechan para el fin positivo con el que fueron creadas pueden crear otro tipo de problemas. Así de importante es algo que no parecería serlo tanto.


