MundIAl Surrealista

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Este mundial será el de la inteligencia artificial. Dentro y fuera de la cancha, los algoritmos, las diferentes plataformas como ChatGPT, Copilot o Gemini producirán millones de diálogos, imágenes, ilustraciones y análisis de datos que muy seguramente transformarán aún más la experiencia tanto de jugadores como de aficionados al deporte más popular del mundo.

En las gradas, miles de teléfonos inteligentes generarán tsunamis de datos en texto e imagen que serán recopilados por servidores y analizados por complejos sistemas que, en segundos, entregarán la información en recomendaciones personalizadas sobre qué comer, en donde y como llegar; también se promocionarán diversos objetos relacionados con el momento mundialista, muchos de ellos con sobreprecios que igual serán pagados sin dudar por aficionados con el juicio nublado por el alcohol o la gratificación instantánea inducida por la pantalla.

Los millones de selfies y videos mejorados con filtros y editados con solo un click construirán desde las gradas y a través de las redes sociales una realidad híbrida en la que no todo es como se publica.

En la cancha, los avances de la tecnología al servicio de las ciencias del deporte han elevado las capacidades, desempeños y rendimiento de los jugadores.

Desde la ropa y calzado aerodinámicos, rastreadores en la espalda y sensores de contacto y localización dentro del balón, hoy la cantidad de datos por analizar es compilada por la FIFA en su departamento de análisis y comprensión del desempeño, que en 2023 reportó un equipo de cien personas entre analistas de futbol, ingenieros y científicos de datos.

En su libro “Capitalismo de Vigilancia”, la socióloga Shoshana Zuboff desafía la idea generalizada de que nosotros, los usuarios de las tecnologías de la información, somos el ‘producto’ que se comercializa por empresas como Google y Meta.

Para la escritora, los humanos somos la fuente de material en bruto que es procesado con algoritmos e inteligencia artificial para predecir y dirigir nuestros comportamientos futuros, que es el verdadero negocio.

Así, Zuboff expone tres preguntas fundamentales relacionadas a la llamada “economía de la atención” encabezada por los grandes corporativos como Google, Apple y Meta: ¿Quién sabe?, ¿Quién decide? Y ¿Quién decide a quién decide?

Al menos, en el ambiente mundialista, parece que todas las preguntas convergen en Suiza, la sede central de la FIFA.

Ya en torneos anteriores el organismo internacional ha implementado el uso de la inteligencia artificial, y para este 2026 se asoció con la empresa china Lenovo para desarrollar “Futbol AI”, un programa que incluye Futbol AI Pro, Avatares de jugadores en 3D que serán incluidos en jugadas de fuera de lugar revisadas por el VAR y una versión actualizada del material trasmitido desde el punto de vista del árbitro.

Así, el mundial 2026 arranca con la expectativa de que la inteligencia artificial acompañe la experiencia del aficionado, quien cada cuatro años va dejando de ser un cuerpo energizado en el estadio para convertirse en una pieza más del engranaje digital del que solo parece los mexicanos y su bizarra interpretación de la realidad pueden derrotar, un TikTok a la vez.

DE REBOTE
En la inauguración del mundial de México 1970, el presidente Gustavo Díaz Ordaz fue abucheado por la multitud.

Apenas un año y medio antes, la misma Ciudad de México se bañó en sangre durante la masacre de militares a manifestantes congregados en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco.

Mientras el planeta se maravillaba con ‘O Rei’ Pelé, el movimiento guerrillero con Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, las protestas de los ferrocarrileros y la inconformidad estudiantil, por cierto, con fuertes lazos en Nuevo León, desafiaban la imagen de modernidad y progreso que desde el gobierno omnipotente del PRI se buscaba proyectar al mundo con el torneo mundialista.

Para México 1986, la ambigua relación entre la fiesta del futbol y la realidad social en el país nuevamente se colapsó cuando el estadio Azteca descargó su rabia con ruidosa gritería en contra del entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quien representaba ante la comunidad la ineficiencia de un sistema que se paralizó durante y después del terremoto que, meses antes, convirtió buena parte del centro de la capital del país en zona de guerra y cementerio masivo.

En la cancha, la ‘mano de Dios’ narrada por Roberto Hernández Junior y el ‘barrilete cósmico’ descrito a los argentinos por un extasiado Víctor Hugo Morales fueron mucho más que dos goles de Diego Armando Maradona a los ingleses.

En las calles, zozobra y crisis de una comunidad que enfrentaba una moratoria de pagos a la deuda externa, inflación del 60 por ciento anual y un peso devaluado.

En una versión más ‘light’, el mundial arranca por tercera ocasión en México. Y como en las dos anteriores, el país se encuentra en crisis, esta quizá la más profunda que las anteriores.

Las masacres se han extendido por todo el país y las fosas clandestinas se localizan incluso hasta en la proximidad de un estadio sede.

La economía está colapsada por las extorsiones, los secuestros y la pérdida de la confianza en el país como un lugar seguro para invertir ante el cogobierno ejercido por el narco y Morena.

La única diferencia es que la presidente no se arriesgará a ser abucheada en transmisión internacional.

Ella, cobijada por el discurso populista y la salida bananera, regaló su boleto y en una versión a la 4T del cuento de Hans Christian Andersen, se vestirá con el traje invisible del elogio, el aplauso y las preguntas a modo para ver la inauguración desde su bunker.

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