El huracán Otis destrozó Acapulco de tal forma que tardará mucho tiempo en recuperarse, si es que alguna vez lo logra. Exhortamos al amable lector para que done dentro de sus posibilidades para apoyar a nuestros compatriotas en desgracia que están requiriendo desde alimentos y medicinas hasta herramientas para limpiar el escombro y rehabilitar sus casas. Muchos, que tenían poco, lo han perdido todo.
Para nadie es un secreto que el puerto y buena parte del estado vivían del turismo.
Con los hoteles devastados y sin infraestructura toda la actividad económica se verá afectada. Sin turistas no hay trabajo; y sin trabajo no hay ingresos. Las actividades de reconstrucción permitirán activar un poco la economía, pero aún es incierto si los hoteleros decidirán reconstruir y cuándo lo harán. Por lo pronto, la temporada alta de invierno ya se perdió.
Más allá de que el huracán evolucionó muy rápido de tormenta tropical a huracán categoría 5, es importante hacer notar la falta de previsión y la lentitud de las autoridades locales y federales para reaccionar.
Como en otras ocasiones, llegó más rápido la ayuda de organizaciones privadas como World Central Kitchen que llegó a Espinalillo, una comunidad del municipio de Coyuca de Benites, el viernes 27 en helicóptero. Al momento de escribir estas líneas ellos estaban entregando más de 150 mil comidas calientes al día.
La magnitud del desastre natural era una oportunidad inmejorable para llamar a la unidad nacional para, entre todos, proveer la ayuda humanitaria indispensable a los habitantes de Acapulco y sus alrededores. El primer comunicado del presidente, sin embargo, fue para atacar a sus adversarios políticos por hacer exactamente lo que él hizo en numerosas ocasiones como oposición a los gobiernos de Peña Nieto, Calderón y Fox. La cascada de descalificaciones y acusaciones también alcanzó a los medios de comunicación por informar al público lo que estaba sucediendo en Acapulco.
Sorprende que, antes de dar un mensaje de esperanza y consuelo para los damnificados, la reacción presidencial haya sido la de atacar y dividir a la población. Sus primeras palabras tras el desastre fueron para acusar a todo mundo de querer dañarlo a él en lo personal y a su movimiento. Algunos analistas afines al gobierno han intentado explicar que era importante ganar la batalla narrativa. Ante la emergencia los que gobiernan se ocuparon más en dividir y descalificar que en ayudar a los damnificados.
¿Cómo interpretar esta reacción? ¿Es acaso que se sienten acorralados? ¿Es la desesperación del que no tiene recursos para enfrentar la adversidad?
Ante la desgracia la prioridad del régimen es dividir y atacar antes que ayudar. Por sus frutos los conoceréis…


