Este fin de semana casa y en reposo por un procedimiento quirúrgico ambulatorio, me topé con un documental en Netflix sobre el multi castigado por doping, el marchista italiano Alex Schwazer, quien a los 23 años ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Beijing en la prueba de 50 kilómetros.
Puedo entender que los docubiografías son producciones que tienen como objetivo limpiar la cara de deportistas que incurrieron a la trampa para mejorar su rendimiento. Y también sembrar la duda sobre si fueron culpables o víctimas, como el caso del titulado Marcha a la redención.
Schwazer cuenta su versión a detalle de sus años de gloria y de su estrepitosa caída. Y en los últimos dos capítulos de los cuatro en total la posibilidad de que fue víctima de un complot ruso-alemán-italiano pudiera ser ‘comprada’ por el televidente.
Soy un periodista que presume estar al pendiente de los acontecimientos deportivos, pero admito que el caso del andarín Italiano estuvo fuera de mi radar por 15 años. Y sobre todo que tiene su epicentro en Italia, un país donde viví en los años 90.
El documental está bien producido y documentado. Es abundante en testimonios y cuenta la historia de un joven atleta que llegó a tocar el Cielo al ganar la medalla de oro, como también haber caminado entre las brasas del Infierno a causa de su adicción a las sustancias prohibidas.
La marcha es una especialidad que me atrae cuando se trata de escribir sobre atletismo. Primero porque recuerdo la histórica plata que obtuvo el sargento José Pedraza en las Olimpiadas de México 68, y luego mi amistad que conservo hasta la fecha con el doble medallista Raúl ‘El Matemático’ González en LA 84.
Apenas terminé de ver el documental me contacté con Raúl para que lo viera. Es interesante porque aparece un entrenador italiano de caminata de nombre Sandro Donati, quien tuvo mucho qué ver en destapar el escándalo del doping de atletas rusos.
Y también fue castigado en los años 80 por los federativos italianos por negarse a dopar a deportistas de alto rendimiento que representarían a su país en competencias europeas y olímpicas.
En fin, seguramente esta historia de Schwazer y su mentor Donati será degustada y profundizada frente a un café cuando me encuentre un día en Monterrey con Raúl quien, en su faceta de entrenador de marchistas, acaba decalificar a tres de sus pupilos a los Juegos Centroamericanos de El Salvador 2023.
Si tienen tiempo vean el documental Marcha a la redención. Seguramente les dejará un sabor amargo de cómo se puede hacer trampa en los deportes para alcanzar la cúspide. ¿Pero a cambio de qué cuando te descubren?
En México está el caso de la andarín Lupita González, ganadora de la plata en Río de Janeiro 2016, castigada hasta 2016 por mentir en sus declaraciones y ahora se perderá los Olímpicos de París 2024. Lástima.


