Pequeños grandes actos heroicos

Últimas Noticias

Las grandes conquistas de la vida están articuladas por pequeños actos de heroísmo que suelen perderse con el paso del tiempo y por las que pocos brindaron un aplauso, pero que sin ellos las grandes epopeyas habrían sido imposibles.

Minuto 85, escapada espectacular de Thembi Kgatlana, quien parte detrás de media cancha, quitándose dos rivales para plantarse ante la portera de Rayadas Pamela Tajonar…

La delantera nacida en Sudáfrica dispara y el balón que sale de sus botines tiene dirección a las redes con la intención de convertirse en el 2-0 que sellaría el pase de Tigres femenil a la Semifinal.

Pero en una carrera frenética la zaguera lateral Karol Bernal aparece en el último suspiro de la jugada para alcanzar a desviar el esférico y evitar el tanto que habría sellado la derrota rayada.

El resto de la historia todo lo sabemos: al minuto 90+2 apareció Jermaine Seoposenwe para anotar el gol del empate global y que permitió al Monterrey avanzar por la mejor posición en la tabla.

Se podría escribir un libro completo de aquellos héroes y momentos que soportaron las grandes historias gloriosas.

Año del 2007 o 2008. Humberto Suazo intenta irse de Rayados para jugar con el Independiente de Avellaneda de Argentina, ante el ambiente complicado que experimenta en el vestidor albiazul, por las diferencias que enfrenta con algunos elementos del plantel.

Pero hay dos personajes clave: el volante Walter Erviti, quien habla con sus compañeros y les hace ver que Humberto es un buen elemento y que lo han juzgado sin conocerlo bien.

En la historia de Humberto Suazo hay otro personaje clave: el técnico Isaac Mizrahi, quien puso al capitán Jesús Arellano de compañero de cuarto del “Chupete” durante la pretemporada en Cancún, para limar las asperezas. Esos dos detalles contribuyeron mucho para que pudiéramos disfrutar de las gran influencia de Suazo en la época dorada del Monterrey.

Otro pequeño gran acto heroico (los llamó pequeños porque no han trascendido en la memoria colectiva con el peso que deben tener) cuando Benito Floro decidió no contratar a ningún centro delantero para jugársela con un joven regio que militaba en el Saltillo: Antonio De Nigris.

El legado que dejó Toño aún lo seguimos disfrutando. Su disciplina, su contundencia, su carácter para pelear cada pelota, y su carisma quedaron para la posteridad.

Un aplauso por todos aquellos pequeños actos heroicos que se han perdido en el olvido o de los que ni siquiera nos hemos enterado, pero sin los que no hubieran sido posible las grandes hazañas.

- Anuncio -

Columnas

Spider-Noir

El otro Monterrey

- Anuncio -