Ya mucho se ha escrito sobre las disparidades entre los equipos de la Liga BBVAMX Femenil. Se sabe que este es un torneo de cuatro protagonistas (Tigres, Monterrey, América, Chivas y Pachuca), un caballo negro (Juárez y Tijuana), los participantes… y el Mazatlán.
Después de 18 torneos, es ya más que evidente que a los directivos asentados en la llamada “Perla del Pacífico” el futbol femenil les importa tres cacahuates y muy poco han hecho para mejorar a su equipo, y más importante, a las jugadoras que buscan progreso deportivo y financiero.
En 18 torneos profesionales, los números gritan abandono: en solo dos campañas -apertura 2019 y clausura 2020- las mazatlecas terminaron con una diferencia de goles positiva. En ambas campañas, apenas anotaron dos goles más de los que recibieron. De allí, la menor diferencia ha sido de -6 en la Copa Liga MX Femenil 2017 y hasta ahora la mayor es de -54 en el de clausura 2023.
Fieles a su origen televisivo, los directivos del Mazatlán hasta hicieron un reality show en el 2024 que Laisha Espinoza se ganó su lugar en el equipo sinaloense. En el actual campeonato, la joven ha iniciado en dos partidos, pero solo ha participado en el 25 por ciento del total del tiempo de juego. En el clausura 2025 tuvo su mejor campaña con 15 juegos jugados, diez como titular. Hasta ahora, será el equipo, será la jugadora, pero no se ha visto gran diferencia.
Dentro del galimatías deportivo que es el Mazatlán, de los que menos se habla es de proteger a sus jugadoras, quienes han sacrificado mucho para lograr cumplir su anhelo de jugar a nivel profesional y ganar un sueldo por ello. En lo anímico es devastador saberse el equipo “trampolín” de la liga, al que el resto lo utilizan para ganar puntos, levantar la moral con una goleada, y aumentar sus porcentajes de efectividad. Así, dudo que buenos refuerzos extranjeros y nacionales quieran firmar.
Bien harían la liga y los dueños de aprender de los vecinos del norte y crear un sistema temporal, un experimento de solidaridad deportiva, quizá tres años, en el que los equipos del uno al cinco de la tabla final cedieran a préstamo por un año a una de sus jugadoras suplentes para que reforzaran al Mazatlán, con el pago de salarios divididos a medias entre los sinaloenses y los que envían.
Así, posiblemente el nivel de las cañoneras aumentaría, generando más espectáculo y competencia en lugar de continuar las goleadas que cada semana ocurren.


