En los primeros 15 minutos del partido contra los tunecinos se subieron al shinkansen, el tren bala ese que anda a 320 kilómetros por hora, lo lanzaron sobre el Sahara y arrollaron a lo pobres muchachos vestidos de blanco.
Partido liquidado. Después regularon, controlaron todos los aspectos del juego, tomaron agua en el oasis y metieron un par de goles más.
Aman jugar con la pelota, luchan como condenados para recuperarla y cuando la tienen tocan. triangulan, se buscan se encuentran, parece disfrutar del juego.
Grandes actuaciones de Ueda, Nakamura y Kamada. Y encima tienen esa hinchada que los alienta en español (“ohhh selección, selección, vamos selección”), y no para ni un minuto.
Valió la pena la trasnochada. Omedetó, que viene a ser: Felicidades.
¡Qué lindo juegan los japoneses!


