Y no volaron.
Una historia que se repite cada cuatro años. El equipo mexicano ilusiona, y mucho, pero ante una selección de las top en el mundo, en una fase de eliminatoria, se vuelve a quedar sin ideas, buscando ese milagro que hasta ahora no ha llegado.
En este mundial, en casa, esa ilusión fue mayor, quizá pensando en que en tierra guadalupana algo milagroso pasaría. Pero no, el milagro no llegó, ni jugando el segundo tiempo atacando la misma portería en el que hace 40 años Dios sujetó la mano de Diego Armando Maradona y le puso alas en las piernas para llevarse a cuando inglés se le puso enfrente. Tampoco sirvieron las miles, quizá millones, de santiguadas que mujeres mexicanas hicieron frente a sus pantallas mientras se cantaba el himno nacional.
Los estudiosos de la religión aseguran que la fe precede al milagro; en una de sus cartas, el apóstol Santiago explicó que la fe, sin obras, es muerta en sí misma. Allí fue donde el equipo mexicano se quedó corto: en las obras.
Van perdiendo 3-2 con un hombre de más, con tiempo en el reloj y lo que se le ocurre al “Vasco” es amontonar el área con tres centros delanteros, en la muy mexicana estrategia del “T en B” o todos en bola. Ni Fidalgo, ni Lira, ni Bryan Gutiérrez se animaron a pegarle de media distancia, buscando un rechace, un golazo o un tiro de esquina.
Alvarado y Gallardo se nublaron al final y se pusieron a mandar centros largos y elevados a la “a ver que sale”, sin tratar de entrar o enviar buscapiés que en una de esas agarra pierna mexicana, autogol inglés o penal descarado.
Desde el primer minuto, Declan Rice tenía una tarjeta amarilla, ¿porque no buscar duelos individuales contra él para buscar la segunda amarilla, especialmente en el segundo tiempo? Ah, hombres de poca fe ( y obras) ¿por qué (tuvisteis) tanto miedo?.
Al final, dos latigazos de Bellingham y un riflazo de penal de Harry Kane le cortaron las alas a los tricolores, que después de clasificar invictos, sin goles en contra y dejando a Ecuador en el camino, se van del mundial en casa, literalmente. Apenas la tercera ocasión en que la selección pierde en el Azteca, Banorte o Mexico City Stadium un partido oficial.
Se acaba el mundial en y para México. Adiós al party, adiós a la esperanza de seguir volando.

