“El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua”, escribió el Uruguayo Eduardo Galeano en reflexión sobre la incapacidad del aficionado al futbol para reflexionar conscientemente sobre el equipo de su preferencia.
La dicotomía irracional de todo o nada fomentada desde las directivas y la prensa deportiva para “calentar” los partidos, generar interacciones en las redes o ganar anunciantes y patrocinios le sigue haciendo mucho daño al futbol profesional en un México ya de por si convulsionado con la violencia y los discursos polarizantes desde el gobierno.
Como periodista, es penoso ver, escuchar o leer a personajes que se dicen “analistas” usando la lengua o la pluma sin conectar el cerebro. Un día lo blanco es hermoso y al siguiente lo negro es belleza. Desde que yo inicié en el periodismo deportivo hace muchos, muchos años, se sabía que desde las directivas se buscaban y hacían convenios, intercambios o favores tanto a nivel corporativo como individual con gente de los medios para “ayudar” al equipo con coberturas positivas que incentivaran a la gente a asistir a los estadios y ampliar la base de aficionados. Desde allá se empezó a construir esa identidad de la matraca o el desprecio, sin nada en medio.
Las nuevas tecnologías democratizaron la conversación y empoderaron a los radicales que, envalentonados detrás de un teclado, y empoderados por los comentarios desde los programas deportivos, han ampliado la narrativa de todo o nada; si apoyas eres real, si criticas eres infiltrado. Algunos jugadores se han subido de manera más pública a la tarima virtual y con transmisiones en vivo, videos o posts también alimentan a los fanáticos que en su ceguera no aceptan que no se puede ganar siempre.
Tigres no funciona porque varios de sus titulares ya no rinden como antes, porque el equipo técnico no ha sido lo suficientemente capaz de encontrar la estrategia más adecuada para aprovechar lo que se tiene, y porque los refuerzos hasta ahora han sido más mediocres que eficientes. El mundo no se acaba con reconocerlo, ni con pedir cambios para mejorar.
“Los verdaderos amigos se lastiman con la verdad para no herirse con la mentira.” Mucho bien le harían los aficionados y periodistas afines a los Tigres en demostrarle al equipo que cuando las cosas andan mal, el bajarse del barco para lo puedan arreglar es mejor que seguir aferrados en seguir a bordo, sabiendo que, de a poco, todos acabarán hundidos.
Horacio Nájera es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UANL y maestrías en las Universidades de Toronto y York. Acumula 30 años de experiencia en periodismo, ha sido premiado en Estados Unidos y Canadá y es coautor de cuatro libros.

