Nahuel Ignacio Guzmán Palomeque es uno de los protagonistas de la Liga MX.
El rosarino ha encontrado destino en Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, equipo al que llegó en el 2014 y con el que ha obtenido clase y jerarquía en el futbol.
Es amado en el cuadro de la U, pero odiado por el resto de los equipos. Los aficionados de la localidad lo adoran, porque ha demostrado cualidades excepcionales en el área. Ha conseguido estirar su estatura de 1.93 metros montado en el aire, en muchas ocasiones, para atajar goles cantados, y le ha dado campeonatos a los Tigres con sus atajadas, guiadas por la Divina Providencia.
Pero fuera de aquí El Patón está maldito. Sus malquerientes, que son muchos, lo consideran déspota, malaleche, egocéntrico, milonguero de arrabal. Lo acusan de provocador. En realidad, hay un desdoblamiento freudiano en los ataques, una inconsciente sublimación de los hostiles para ocultar el embeleso. Ocurre que entre más lo llenan de imprecaciones, más admiran sus lances. Puede resultarles triste, pero así es. El tamaño de la abominación que le expresan es directamente proporcional al respeto que le tienen. No escucho juramentos dirigidos a otros porteros, que pueden tener similares habilidades gatunas bajo el arco, y la razón es porque cualquier otro guardavalla resulta indiferente para el aficionado bien metido en la fiesta del futbol.
Lo que incomoda de Nahuel es que goce los reflectores y sonría con los dicterios. Parece que entre más incomoda a la tribuna, más disfruta las injurias ardientes y las rechiflas que le lanzan.
Es incomprendido, el muchacho, porque sus enemigos no saben que ha llegado a entender el futbol como una actividad lúdica de dos pistas. Se divierte el que está fuera de la cancha, pero también el que está adentro. Lamentablemente, sus detractores le demandan que sufra y que llore cuando lo aprietan, pero hace todo lo contrario. Contestatario, lanza retos al que está en el graderío, incordia a sus opuestos en la cancha. Es un jugador de aspavientos, vistoso y excéntrico, porque vive el juego con el placer de la adrenalina. Cuauhtémoc Blanco lo entendió muy bien, cuando era el rey de México. Odiado por muchos y admirado por muchos más, el americanista recibía las mentadas de la tribuna y las regresaba como flores, en forma de gambetas y goles firmados con la caligrafía más bella.
Nahuel ha hecho su estilo personal, una forma propia de convivir con el balón. El futbol necesita eso, en cualquier latitud. No nos referimos a nuestro juego como un conjunto de atletas formales que cumplen una función rígida para meter goles. En el graderío no aplaudimos una diana, la gritamos a rabiar. Nos movemos en el sentido contrario a la solemnidad: demandamos leyendas, transgresores, rebeldes como Guzmán. Queremos jugadores indómitos, que sustentan la sedición con calidad. Hay muchos arqueros que han vestido al futbol con grandes lances, pero los recordamos poco, porque no nos hicieron involucrarnos en la competencia. Claro, hay muchos callados que forjaron una época, como Miguel Marín que, sin ruido, ocupará el trono eterno como el mejor de todos en el arco. Pero hay otros, que arañaron la grandeza, pero sin ser recordados porque fueron oficinistas ejemplares de la cancha, sin invertir en la carrera entrañas y corazón.
Nahuel, en cambio, es el revoltoso que te deja tema para hablar entres emana. Lo acabamos de ver, desgañitándose, al caer ante León, en semifinal de la Conca, encolerizado por la derrota. Pero resurgió, en el siguiente juego de repechaje, contra Puebla, con un acto de ilusionista para hipnotizar al tirador camotero, en el manchón del penal, y ordenarle que la echara a fuera. Los que un día lo tachaban de mal perdedor, al siguiente lo llamaron genio de la estrategia. Un tipo de cuello estirado en el área, un gentleman del balón, no hubiera conseguido sugestionar al tirador para que se le torciera el tobillo en la ejecución, como lo hizo este descastado, que jamás pasa desapercibido.
Larga vida al Patón y larga estancia con Tigres.
Ya tiene lugar en el Panteón del futbol mexicano.


