En lo personal soy partidario de la vieja escuela, entrenar en un buen gimnasio, un profesional de la nutrición, si es necesario un endocrinólogo que cuide mi salud física y un instructor en persona, en tiempo real.
No obstante, hoy están de moda las aplicaciones digitales que ofrecen cualquier cantidad de espejitos y lo que es peor, en muchas ocasiones quienes lo ofrecen no tienen la preparación suficiente o bien, un pago relativamente bajo es el gancho para otros negocios.
Esto es una realidad y por ello hay que hacer algunas consideraciones, para tratar de orientar al lector sobre nuestro comentario.
Lo primero qué hay que establecer es que no podemos generalizar, hay algunas excepciones que pueden funcionar aunque aún así, sigo prefiriendo el contacto humano, puesto que estamos hablando de poner nuestra salud en manos de alguien.
Lo segundo es que en la época en que vivimos, el comercio digital y las redes sociales son un gran motor de nuestra economía y por tanto debemos tomarlo en cuenta y actualizarnos.
Y lo tercero es que mucho de lo que aquí compartiré es producto de tiempo invertido en saber cómo funcionan y qué ofrecen estos coaches digitales ya sea en sus redes o a través de sofisticadas plataformas, lo cual nos hace suponer que es un gran negocio.
De hecho para escribir este artículo invertí 67 dólares en un paquete básico de una de las plataformas más publicitadas en las redes, cuyo nombre omito puesto que no es la intención aplaudir o cuestionar alguna marca, sino reflexionar en la pertinencia o no de contratar estos servicios.
¿Qué me encontré? Una app muy bien diseñada con información básica y muy útil sobre todo para principiantes y gente sin experiencia. Poco funcional para intermedios y de muy poco aporte para avanzados.
Adicionalmente, el pago te mete automáticamente al sistema de emailing con información también útil para mejorar el rendimiento de la app, además del acceso a grupos privados en Facebook donde se realizan interesantes eventos periódicos con información y tips para aprender más del mundo wellness.
La tecnología ha ayudado a que se puedan tener planes de entrenamiento con videos tutoriales de cómo realizar los ejercicios. También vienen conceptos y planes genéricos nutricionales con explicaciones muy básicas y útiles que, si alguien jamás ha estado sometido a un régimen, seguramente le dará resultados.
En el caso de la app que pagué, incluye sugerencia de suplementos alimenticios y evidentemente tiene una tienda en línea que es parte del negocio para que se compren con ellos estos productos.
Lo que desde mi pensamiento está muy mal es que no te hablen claro desde el principio y te enganchen con el paquete básico.
En el caso de la app que compré te ofrecen un quizz metabólico para saber cómo estás en ese aspecto y te ofrecen una sesión personalizada por video llamada con algún asesor para comentar los resultados.
Tomé la sesión y yo esperaba al menos alguna retroalimentación general sobre mi metabolismo y cómo mejorarlo. Absolutamente eso no pasó. Con algo de asesoría general, con lo que en mi caso ya sé sobre fitness, hubiera sido suficiente para poder aprovechar la consulta.
Lo que en realidad pasó fue una charla con un “asesor”, en realidad un vendedor, ofreciendo paquetes de coaching personalizado con dietas específicas y suplementos mensuales, con montos de hasta un mil dólares la membresía.
Por supuesto tienen un gran seguimiento de marketing puesto que sigo recibiendo correos de que no he elegido alguno de los programas y estoy “dejando pasar una gran oportunidad”. ¡No lo creo!
En mi caso me quedo con la app, con lo que suben a los grupos privados y con lo que mandan como novedades en su mailing masivo. Con eso desquito los 67 dólares.
Me pregunto cuántos incautos pagarán eso y al final abandonarán (pero de forma masiva ya generaron ingresos a la compañía), cuánto venderán en suplementos y cuántas cuentas de coaching “personalizado” en línea. Sin duda un negocio millonario.
Aplaudo la creatividad y la visión de negocio, pero a mi gusto, los temas de salud integral, nutrición y asesoría en algún entrenamiento deportivo, deben seguir siendo presenciales, casuísticos y personalizados, literalmente, como dice la palabra.
He descrito a una empresa seria a la que estoy conociendo, que tiene cosas buenas y otras no tanto, pero en internet y en redes sociales abundan los charlatanes, los estafadores y la gente sin escrúpulos, además de los hoy mal llamados influencers.
Por eso hay que tener mucho cuidado. Tocar el piano no te hace pianista. Jugar tenis no te capacita para dar clases. Competir en un evento de físico o fitness no te hace instructor y mucho menos nutriólogo. Tener una historia personal es motivadora y bienvenida, pero no te hace experto. Los cursos de fin de semana de cualquier materia, contribuyen a toda la chatarra qué hay en las redes.
Zapatero a tus zapatos. Y yo sigo prefiriendo la vieja escuela. He tenido el privilegio de aprender en persona de los grandes como Samir Bannout, Branch Warren, Gustavo Badell, Dorian Yates, Robby Robinson y algunos más. He tomado los cursos avalados por la FMFF y por ahí debo tener mi carnet de instructor del 2009.
Aún así, pago por mis regímenes alimenticios con algún profesional calificado, acudo al médico especializado cuando es necesario y tengo un par de entrenadores a quienes consulto cuando tengo alguna duda.
Por si fuera poco, a la larga es más económico que estar pagando por lo que no usarás.
¡Qué cada quien saque sus conclusiones! Yo solo les doy mi opinión.


