Al fin, se celebró la corrida de aniversario de la Plaza Monumental Monterrey denominada como la “Corrida de las Tradiciones” y no obstante las críticas y comentarios diversos que tuvo desde su anuncio y haciendo un balance de lo sucedido, podemos decir que las cosas no le salieron tan mal a la empresa, porque al final de cuentas, hubo corte de orejas, muy buena entrada y el público salió en su mayoría satisfecho.
Independientemente de lo que sucedió en el ruedo y con las acostumbradas carencias en lo que a la aplicación del reglamento se refiere por parte de la autoridad, haremos algunos comentarios sobre lo que podemos considerar como la “nueva” forma de confeccionar festejos y sobre la “actual” afición a los toros.
Estamos ciertos, que la Fiesta Brava es un ritual de historia y tradiciones y que en ella existe toda una “liturgia” en cómo debe llevarse a cabo la lidia del toro, en la que por principio, éstos deben tener según el reglamento, la edad, el peso, el trapío y como requisito sine qua non las astas integras y sin manipulación alguna para que pueda considerarse una verdadera corrida de toros.
Lamentablemente en ese aspecto, seguimos muy distantes del “deber ser” por lo que cada día vemos más festejos, con toros chicos, despuntados, con jueces “laxos” y menos exigentes en la aplicación de la normatividad y con carteles repetitivos y nada competitivos.
Pero ¿cómo hacerle para que sigamos teniendo festejos taurinos como mandan los cánones? ¿Será ese deseo y exigencia parte del pasado? ¿Será necesario adaptarnos a los nuevos tiempos? ¿Hacer a un lado la irrestricta forma y fondo del quehacer taurino? O de plano adaptarnos a la modernidad, a las “innovadoras” mercadotecnias de los empresarios y como dicen algunos ¿“apoyar” a todo y todos los que mueven la fiesta taurina?
Cada quien tendrá su opinión y cada quién la defenderá con sus propios argumentos, en lo personal soy más apegado a lo tradicional y purista, pero al mismo tiempo soy un convencido de que vivimos otros tiempos y tendremos que adaptarnos a ellos sin perder la esencia de nuestra ancestral fiesta.
Por lo que respecta al festejo de aniversario, que contempló a siete toreros, con vestimenta charra, involucrando a este sector como “para compartir” el golpe de la crítica de los anti taurinos, utilizando el novedoso concepto de las tradiciones mexicanas; podemos decir que la corrida fue kilométrica en duración, con un deficiente servicio de plaza, con un Juez benevolente y errático, y que al final de cuentas, la gente aficionada y no aficionada salió contenta de la plaza.
Consideramos que para ganar una nueva afición a los toros, es fundamental que las nuevas generaciones conecten con la tauromaquia, promoviendo al toreo como arte, con marketing que resalte la belleza y la valentía, pero principalmente con la seriedad del toro y de la fiesta.


