El América lo volvió a hacer: llegar a una final luego de una temporada irregular que les bastó para acabar segundos y llegar a donde todos quieren.
Se enfrentó a un Cruz Azul que no jugó a nada, que hizo como que les sacaba un susto en la vuelta, pero terminó haciendo lo que mejor saben hacer. Como luego dicen: “Ganas más perdiendo que ganando”. Así, la Máquina llega, pero antes de su estación, la descarrilan.
Nada que reprocharle al arbitraje: el penal más tonto que merecería romper el contrato con el guardameta cementero. Pero aún así, todo el planteamiento en la vuelta fue infame, extraño para un equipo como Cruz Azul, que había sido de propuesta en la semifinal y desapareció. Como sin brújula o amarrado. Sin tirar centros cuando tenías a medio equipo dentro del área enemiga buscando cabecear algo, cuando ya estabas abajo en el marcador.
Pero así son las cosas, tan curiosas, en estas instancias de la Liga MX.
En la otra serie, que les digo, a Tigres lo hicieron papilla; ni las garras metió. Aunque la realidad es que los felinos perdieron desde que se fueron con un empate del Universitario. El equipo con Pizarro no gana fuera de su estadio, y te ibas a meter al infierno contra el mejor equipo. Ganar estaba en chino y lo que le sigue.
Se le acabó la magia a Tigres, y con la pura garra no se gana; se compite, nada más. El Necaxa de los noventa.
Ahora, la final nos sorprenderá: si Toluca levanta la Copa o si las profecías son ciertas y las Águilas levantarán su cuarto al hilo. El próximo domingo lo sabremos.
Lo que sí es cierto es que, en varonil y femenil, el América ha estado en las últimas cuatro finales.


