Parece que el América fue parido en medio de una tormenta con oleajes bravos. Desde siempre es el equipo más vociferado en el futbol mexicano. Algunos susurran su nombre con amor y otros lo ladran con desprecio.
Toda la Liga ha sido elaborada a su alrededor y todos los equipos han crecido a su sombra. Aunque no es el mejor, así se lo ha hecho creer a toda la afición del país, que lo idolatra y lo lapida con igual fervor, suponiendo que es el equipo al que hay que alcanzar para obtener resultados favorables.
No se explica el futbol mexicano sin los otroras canarios, que crecieron amparados por la televisión mexicana, desde que los compró la familia Azcárraga y los convirtió en un estandarte de la afrenta hacia la fanaticada. Fue fundado en 1916 y cuenta con 13 Ligas.
Todas las encuestas los colocan como el equipo más popular de México, aunque sus archirrivales de Guadalajara digan que ellos venden más camisas a nivel continental.
Desde que el equipo fue adquirido en 1959 por Emilio Azcárrga Milmo, quien fue conocido como El Tigre, el equipo fue entronizado hasta la náusea por la empresa familiar Telesistema Mexicano que posteriormente se convertiría en Televisa.
Hubo épocas, décadas enteras en que para el gran consorcio de la TV hispanoparlante no había más conjunto que los que algunas vez fueron llamados los Millonetas. Hay un empacho colectivo de Águilas, en todo el país.
Ya pasaron esos tiempos en los que la televisión, a través de la caja idiotizante, adoctrinó al país sobre la supuesta grandeza del club de Coapa.
La televisión ya no es caja y las nuevas generaciones ya no están idiotas, pues la digitalización y el acceso a diversas fuentes de cultura, entretenimiento y conocimiento, han creado generaciones más críticas.
Televisa dejó de ser el rey del éter, pero dejó una impronta que no se ha borrado en la conciencia de la afición. Lo que se ve ahora en casa es el contenido en streaming y, ya menormente, algunos canales domésticos sin cobro, como puede ser el de los Azcárraga.
Pero ya no son más el potentado que sojuzga las conciencias. No puede haber ya más ultraje cultural masivo, porque la gente sigue otras alternativas. América, pese a todo sigue gravitando en el ánimo de la patria futbolera.
Siempre ocupa un espacio cuando se habla del balón. Es como una nube de olores mezclados de pestilencia y perfume, que anda por los estadios del país, las mesas de las cantinas, los televisores de los hogares, cuando se sintonizan sus partidos o cuando surgen las polémicas sobre Reinoso, Direcu, Cristobal, Zelada. En este torneo Apertura 2023 el Ame termina la fase regular como líder.
Los comentaristas de la televisión dicen que sus potenciales rivales en la liguilla son Tigres y Rayados.
Le pueden ganar y anotarse otra estrella, y llevar la copa a sus vitrinas en Monterrey, pero no han podido superar los trucos de ilusionismo, la magia de los dictados subliminales que envía siempre el uniforme amarillo de los chilangos odiados y bendecidos, que le ponen salsa picante a nuestro futbol.
América es uno de los grandes, pero no el mayor de todos.
No ahora, que la híper realidad de las transmisiones desnuda a los competidores del circuito, exhibiéndolos con estadísticas y demás numerología que sirve para poner a todos en el rasero de la justicia.
Sin embargo, todavía está en la balanza como el club más pesado, el de mayor prosapia y con un tamaño de coloso, aunque no lo sea.
Así lo hemos pensado durante décadas, y la percepción en el imaginario se materializa como una realidad irreductible.
Sospecho que el embrujo se romperá cuando algún otro club los supere en campeonatos, y creo que ese día no tardará en llegar.


