Hay un cántico de barra que habla de dar la vida por ser campeón, podemos usar la materia gris y deducir que es en sentido figurado, pero en un mundo que ya no sabe diferenciar entre inteligencia artificial y real, hay muchas personas que ya sea por su entorno, madurez o falta de sentido de pertinencia a algo mayor, encuentran en el fútbol una causa por defender más grande que ellos mismos y provocan escenas como las vividas en Argentina hace unos días.
Excusas siempre habrá, que si el entorno los orilla, que la pobreza, la riqueza, el alcohol y hasta que el calor; lo real es que hubo heridos y escenas dantescas en que unos se golpeaban con palos, cintos y a mano limpia, ambas hinchadas se acusan de vejaciones y provocaciones, los presidentes de los equipos se echan la culpa y al final nadie se hace responsable, no hay castigos ejemplares y el balón seguirá redonda con manchas color rojo que ensombrecen el propósito de éste deporte, que es unir a la gente realizando una actividad sana que ayude a unificar a los pueblos, no a ponernos unos contra otros de manera violenta, sino en convivencia pacífica en lugar de enfrentarse con armas.
La FIFA se manifestó con enojo, si, lo has adivinado bien, con cartas y comunicados, porque ahora las redes sociales solucionan todos y las manifestaciones con emojis demuestran nuestro compromiso social. CONMEBOL habrá que ver que hace, porque sus consentidos argentinos están involucrados y sus acérrimos rivales en la vida y la cancha, los chilenos, también.
Por ahora solo hemos presenciado como muchos involucrados directos y espectadores, han sacado a relucir su verdadero yo justificando con provocaciones contrarias sus reacciones barbáricas, pero al final cada uno ve por sus intereses y eso implica taparse los ojos y los oídos para que las consecuencias no lleguen hacia ellos.
Nadie quiere hablar de vetos, suspensiones o castigos ejemplares, solo tener horas de rating con lamentos estériles que provoquen risa e indignación viendo como los “líderes de opinión” se llenan la boca escupiendo tonterías para que el balón siga rodando y el negocio continué imprimiendo dólares para que los pocos vivan de los muchos de manera tan cómoda que algo de sangre no importa mientras sea en la zona popular.
Si México quería alguna vez regresar a jugar Libertadores, episodios como éstos infunden miedo, porque quien quiere ir a pasar estas experiencias en países que toman demasiado en serio un deporte, probablemente ante la falta de desarrollo, nos enfocamos en lo rudimentarios que es este deporte, tribalizando lo trivial para defender territorios imaginarios que nos permiten sentir que valemos la pena como humanos.
Por hoy habrá heridos recuperándose, pero hay huellas que se quedan en el alma que no se borran, como un adolescente azotándote con su cinturón, o un adulto paleando gente con saña de psicópata; escenas que ni en las películas nos atreveríamos a ver, pero las permitimos en el fútbol.
Al final se nos olvidará todo en dos semanas, por lo que las letras son de lo poco que nos queda para guardar en la memoria colectiva aquellas experiencias de las que deberíamos aprender y cambiar, pero nunca será suficiente, hasta que hagamos algo al respecto.
Esperemos que en estas latitudes aprendamos que no queremos llegar a ver otro Querétaro, Aztlán o experiencias similares, si es que deseamos pasar de la barbarie a lo civilizado, tal vez valdría la pena dejar de robar el cerebro o dar la vida por ser campeón y volver al chiquitibum a la bim bomba…soñemos.
¡Saludos desde el sillón!


