Las matamos todos

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En una bofetada de destino que la vida suele dar a sociedades engreídas, a unos días de que se cumpla un año de la bizarra localización del cuerpo de Debanhi Escobar en el fondo de una cisterna, Nuevo León se vuelve a sacudir con una nueva desaparición y posible feminicidio.

Bionce Jazmín Amaya Cortéz, de 20 años, fue vista por última vez el domingo nueve de abril. Días antes había llegado desde Mission, Texas, al poblado de China para vacacionar con su familia. En un mensaje de voz enviado a una hermana, un supuesto testigo narró lo que describe como un accidente en el que la víctima aparentemente cayó de la camioneta en la que viajaba con su novio mientras realizaban maniobras a alta velocidad. Según el informante, la mujer se lesionó y su novio se la llevó para recibir atención médica. El sábado 15, durante un cateo a un rancho, el cadáver de quien el ADN confirmó es la joven mexicoamericana fue localizado por la policía. El dictamen forense reporta golpes como la probable causa de muerte.

Lo que les haya pasado a Debanhi y a Bionce es terrible. Igualmente terrible ha sido ver la actuación del aparato de justicia del gobierno del estado, que parece que no ha aprendido nada, como nada parece que la misma sociedad neolonesa ha cambiado un año después de que se conociera en redes sociales la imagen, borrosa y oscura, de una mujer delgada y vulnerable esperando ayuda a un lado de la carretera.

De nada sirve que el gobernador Samuel García presuma en redes sociales (otra vez) con la llegada de Tesla, y se haga el gracioso con el incremento en las lluvias y hasta la contratación de Robert Dante Siboldi como técnico emergente de los Tigres de la UANL, si las mujeres de Nuevo León siguen siendo abusadas, golpeadas o asesinadas impunemente solamente porque son mujeres. Hace un año, Debanhi Escobar murió y después de un manoseo pericial y político, se sigue sin conocer la verdad de su fallecimiento. Eso se llama negligencia.

¿Cuál era el objetivo del secretario de seguridad pública al mencionar que entre los ranchos cateados en la búsqueda de Bionce hay algunos que son propiedad de “personas cercanas” a la víctima que tienen antecedentes penales y de enfrentamientos armados con la autoridad estatal? De nada sirve el entrenamiento y la educación especializada de Gerardo Palacios Pámanes si en la primera oportunidad revictimiza a la joven al sembrar la narrativa de “relaciones peligrosas¨, muy utilizadas en las viejas y malas prácticas de comunicación de la policía para justificar una muerte violenta.

Marchas de colectivos han pasado y seguramente van a reactivarse con esta nueva tragedia. Nuevamente, el vandalismo en edificios públicos y privados ensuciará no solo las paredes, sino la demanda legítima de justicia, protección y solidaridad con las mujeres neolonesas que no marchan porque están trabajando, atendiendo a sus hijos o estudiando. De nada sirve al activismo destruir el centro de la ciudad si el trabajo de campo, la construcción de redes de apoyo, de acompañamiento y de concientización todavía se necesitan en la periferia.

Entre la localización de los cadáveres de Debanhi y Bionce pasó casi un año y la televisión comercial en Nuevo León sigue cosificando a las mujeres, exhibiéndolas y por momentos humillándolas en vivo para satisfacer el morbo insaciable de una comunidad que los consume, tanto como baila y tararea las canciones con letras donde las mujeres son meros objetos de placer y desecho.

De nada sirve que en los noticieros y programas de análisis locales se ataque con dardos de fuego el trabajo del gobierno, si lo que les sigue son esos bodrios audiovisuales que fomentan y aplauden lo que apenas minutos antes se criticaba en esa misma pantalla.

La sociedad en Nuevo León y en México está cada vez más enferma de esa indiferencia al dolor ajeno que, al no atenderse, germinó en intolerancia y floreció en violencia. A Debanhi, a Bionce y a las muchas más que han sido asesinadas en el estado en el último año, las matamos todos.

Horacio Nájera es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UANL y maestrías en las Universidades de Toronto y York. Acumula 30 años de experiencia en periodismo, ha sido premiado en Estados Unidos y Canadá y es coautor de cuatro libros.

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