Luego de tantas cosas que ya se dijeron, de tantos análisis de expertos y villamelones en relación al desastroso 7-0 que se trajeron los mexicanos de San Francisco ante los chilenos, poco queda por decir…
Muchos de éstos no dijeron nada cuando el Tri ganaba y no perdía con nadie, pero otros sí cuestionaban la forma de jugar del cuadro azteca, sobre todo los constantes cambio en las alineaciones.
Como que el resultado mandaba y mantuvo a Osorio prendido con alfileres del puesto, pero no se lanzaban tan directo como el sábado y domingo que lo tundieron a palos.
Y bueno, ¿qué puedes decir en defensa de Osorio y sus muchachos?
Que mientras no llegó ese partido ante Chile, todo parecía que estaba bien. Pero solo en apariencia…
En algunos partidos, pese a no jugar bien, el resultado lo acompañó, incluso frente a Uruguay, Jamaica y Venezuela.
Pero parecía inminente que de pronto llegara alguien y le levantara las enaguas y mostrara que las cosas no iban tan bien como parecía.
Osorio asumió toda la responsabilidad y no le quedaba de otra.
Hacer pedazos a ese equipo, ese mismo del que semanas atrás los medios y la afición y muchos expertos presumieron y del cual se sintieron orgullosos no parece sano ahora.
Digo, les puedes echar el caballo encima, pero lo aconsejable sería tomar nota de todos los errores cometidos y volver al trabajo.
De aburguesados y “pechos fríos” no bajaron a muchos de los futbolistas, pero más bien creo que responsabilizarlos solo a ellos de ese fracaso, sería injusto.
Osorio convocó a varios jugadores que nada tenían qué hacer ahí y muchos otros los puso a hacer cosas que no saben en sitios de la cancha desconocidos para ellos.
Cuando como entrenador crees que los jugadores deben a fuerza adaptarte a tu sistema, en lugar de aprovechar lo que bien hacen en sus equipos, lo que dominan en el sector de la cancha que saben hacerlo, puedes comenzar a equivocarte.
Ésa fue la diferencia. Un equipo que domina a ciegas un sistema contra otro que salió a… pues… a ver qué sale.
Hay en ese Tri jugadores que no tenían por qué jugar, no tenían ni siquiera por qué haber sido convocados y encima, a los más experimentado fueron rebasados a la hora de andar persiguiendo chilenos que con Sampaoli o con Pizzi dominan un sistema y una forma de juego, de marca, de moverse en la cancha y llegar al frente y matar sin piedad.
Los que saben como Guardado, Herrera, Corona, Hernández, Layún o Moreno, fueron arrastrados en la vorágine; las aguas broncas del río crecido los arrastraron, porque cuando quisieron ayudar a los que no saben nadar bien, éstos en su desesperación, los tiraron hacia abajo y se ahogaron todos.
Si tus dos extremos, no tienen en la mente el sacrificio y no saben cómo defender y apretar y cuando querían hacer algo, sus compañeros los abandonaban y no se acercaban para ser una opción de descarga y los volante siempre llegaron tarde a la marca por la movilidad del rival, siempre con dos y tres opciones para salir jugando y si los delanteros chilenos siempre tomaban dos y tres contra uno a tus defensores y se plantaban frente al arquero…. quiere decir que algo hiciste muy mal. Pero muy mal…
Es posible que Osorio se quede; ya amenazó Santiago Baños –¿Que quién es Santiago Baños?; el director de selecciones nacionales– que tiene todo el respaldo, pero lo que este señor diga, no cuenta. Si los dueños del balón deciden que hay que quitarlo, lo quitarán…
Miguel Herrera, alias “El Piojo”, ya dijo que si le hablan, mañana mismo regresa….
¿De qué se trata?
Esto es serio señores.
Si se queda Osorio no hará más que prolongar su agonía.
Osorio no sabe más de futbol de lo que ya mostró, a menos que hasta ahora haya estado jugando a la gallinita ciega.
Pueden remediar ahora el problema, o trasladarlo al escenario de la eliminatoria pasada cuando fueron eliminados y gracias a las labores de resucitación de un gringo que metió un gol casi sin querer, los revivió, para luego ir a jugar un vergonzoso capítulo de repechaje al otro lado del mundo ante Nueva Zelanda.
Si van a hacer algo, que sea ya.
Si no, no andemos luego con lamentos y llorando como como “La Llorona”, por los callejones.


