Acumuladores compulsivos

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Tener una friend que se va a mudar de home es una buena oportunidad pa’ hacerse de algunas cosillas. Si no pregúntele a Rosa María que estuvo ayudando a su comadre Elsy a mover sus chivas de un lado pa’ otro.

Yo estaba en mi casa revisando papers (tareas) de mis alumnos, cuando en la little night me llega mi vieja con chorro de tiliches, bien útiles dice ella: una puerta de clóset que quieensabe donde pondremos, una maleta gigante quesque siempre se ofrece pa’ ir al rancho, un calentador de agua, aunque ahorita el agua sale caliente por el calorón de 40 grados, una caja de adornos de Christmas aunque estamos en junio, cajas y cajas amontonadas que ya parecemos pedir ayuda como los vieji’os de “Acumuladores compulsivos” del canal A&E y que nos urge ayuda de algún loquero, o siquiatra.

Porque si ahorita llegas a mi casa que es tu casa, verás que no se puede caminar por el pasillo, sino sólo arriba de los objetos que casi llegan hasta el ceiling, osea el techo.

En nuestras diversas mudanzas fuimos acumulando la mesa disque vintage de cuando teníamos niños, el candelabro de vidrio soplado que nunca estuvo de moda, o la marina aquella que era bien valorada en la casa, pero que no sabes donde colgar porque dices que tu estilo ahora es minimalista.

Ya sabrán que además la casa siempre hay un cuarto de triques, que nunca se desencombra, porque empiensas que todo lo que hay ahí tiene cierto valor.

“No lo tires, porque voy a hacer un bazar”. Y cuando lo haces en la cochera de tu casa, das las cosas a diez pesos y la gente hasta te regatea.

El mes pasado pensando en deshacernos del cascajo, pusimos un tendido cerca de la acera, con un letrero naranja para que lo vieran todos los que pasaban por ahí.

No falta el stranger que se sienta casi casi a pedir un café y galletitas, y que con calma se pone a probarse cada uno de los zapatos viejos, pa’ tomar la mejor decisión. Como no se iba pos ya me estaba poniendo nervioso.

“Ándele compa, porque tengo que ir al bathroom”, le dije de mentirillas, como pa’ que apurara la compra. Y luego pa’ que se llevara su par a cuarenta pesos.
No sé uste’ pero aquí en esta linda Reynosaville, se ven “munchas” casitas con tendederos ajuera, como que todos quieren hacer su agosto en junio.

Cuelgan y cuelgan sus T-shirts, sus jeans, sus blusas floreadas, sacan sus monos de la lucha libre y Barbies, quesque son de colección y pos unos pesos no les sobran a naiden.

La cosa es que si vas por las colonias en casi todas las streets ves a la raza de comerciante, con los tilinches en la calle, es cuando pasas y dices “pos me ahorro la ida a la pulga Hidalgo”, y te detienes y encuentras algo que podrías usar después. Y que la mera verda’ la guardas en cajas.

No falta el pariente que te pregunta “¿y es usada la ropa?”. Pos qué querías, si quieres ir a Macys del mol, ahórrele un poquito tus dólares y verás que son de un solo dueño. Pos claro que es usada, algunos compran las pacas bien baras y venden por unidad con la idea de ganarle más. No falta quien se encuentre el Santo Grial con unos jeans de marca Lucky Brand que allá en los McAllenes te costarían doscientos dólares. O tenis de Michael Jordan que ahora valen una fortuna.

Para quienes creen en el Feng Shui, tener cosas viejas te quitan la buena vibra y se llevan tu money. No se crea de eso. Fake news.

Los objects son parte de nuestra vida, nos traen recuerdos de alguna época, lo importante es no dejar que se junten a montones en la casa y que parezcan uno de esos acumuladores compulsivos.

Por lo pronto mi vieja ya está pensando en hacer otro bazar. Están invitados.

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