Terco es Andrés Manuel López Obrador al continuar en su resistencia contra el cáncer que padece México. Es valiente.
Es un hombre que quiere poder, algo que es más que imposible que hace casi un sexenio cuando lo intentó por segunda vez antes que volviera el PRI a la presidencia.
Mentiroso, loco, entre otros adjetivos que le han puesto la gente que teme que llegue al punto más alto que tal vez compromete su hueso, puesto de trabajo o sus aspiraciones al poder.
En las pasadas elecciones presidenciales, se dieron entre burros, que por sus malas notas en sus universidades, Enrique Peña Nieto y AMLO. Ahora será entre irracionales: el Bronco, Jaime Rodríguez Calderón y el “Terco”, AMLO.
Veremos si Meade será un circo, como lo que le pasó a nuestra estimada Ivonne Álvarez en las elecciones donde compitió por la gubernatura del estado de Nuevo León contra Rodríguez Calderón, en donde recibió todo, menos el dedazo para quedarse con el puesto.
Lo que sí es cierto es que López Obrador la tiene muy difícil contra el Bronco, pues su contrincante está acostumbrado a manejar buenas estrategias mediáticas, en donde mezcla lo innovador, que es la utilización de las redes sociales, con lo antiguo que es esa típica cabalgata, que le gusta a la gente, que ahora será por todo el país y transmitida en tiempo real.
Mientras López Obrador sigue con su misma bandera, de tirándole a todo el mundo, porque por todos lados lo atacan: que si vive del erario público, que si su hijo tiene lujos, que no controla la corrupción de su partido, entre otros aspectos.
López Obrador se hizo dentro de la política mexicana, se hizo a la mala, porque no lo han dejado ser, porque se ha tenido que defender de lo que siempre ha existido y si se le da la oportunidad de ser presidente, se le estarán regalando seis años para equivocarse, al igual que se le dieron a Peña Nieto para revertir todos los avances legislativos que México había ganado con la sangre de su historia política.
S i se le dan seis años a López Obrador tal vez sean pocos para que recupere un país que se encuentra delirante, que necesita urgentemente cambios para bien y no para mal, como los que se han realizado en estos últimos años en los que no se le dio una oportunidad.
¿Y qué sería de México si López Obrador hubiera tomado la presidencia hace casi seis años? ¡La hubiera regado más que Peña Nieto?
Podríamos esperar a más hubiera o podríamos ser radicales como decimos que somos y darle una oportunidad a ese loco que se muere por demostrar ser el cambio verdadero.


