Cabeza de Vaca y su locura

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Me sorprende el grado de locura de Francisco García Cabeza de Vaca a pocos días de dejar el poder en Tamaulipas que, por cierto, también me preocupa cuántos recomendados directamente por él puedan incrustarse -o ya despachan- en el gobierno de Samuel García Sepúlveda en Nuevo León.

Su última esperanza es llegarle al precio a los magistrados del Tribunal Electoral Federal para tumbar la elección por supuesta injerencia del crimen organizado. Dinero tiene, y de sobra, para comprar la conciencia de los jueces.

¿Pero qué ganaría el casi prófugo de la justicia Cabeza de Vaca? ¿Encabronar más a la población que lo vomita?

Cierto, su problema no es el dinero porque tiene bóvedas repletas y pondría en marcha la segunda versión del operativo compra de votos como lo hizo en junio pasado, y que no le alcanzó con los famosos folios intercambiables por dinero en efectivo.

El domingo 5 de junio pasado en Tamaulipas el sufragio tuvo precios récords jamás vistos a nivel nacional de 3 mil pesos o más, cuando en otros comicios oscilaba en 500.
En esa jornada el candidato del PRIAN -y la rémora PRD- perdió por casi 90 mil votos. Por cierto, ese “truko” provocó sonoras carcajadas ayer en el Senado de la República con una vergonzosa oratoria.

El primero de octubre Américo Villarreal Anaya jurará como el nuevo ejecutivo de Tamaulipas, mientras Cabeza de Vaca ¿se presentará a entregar la estafeta, o a partir de ese día andará huyendo a salto de mata como sus antecesores del PRI? Hagan sus apuestas.

Es un caso demencial digno para lista de pacientes y del diván de un psiquiatra. De un gobernante estatal que se sintió emperador romano (Calígula el psicópata); que soñó con instaurar un imperio en un país democrático, pero que terminó como el cuento de Alí Babá y los 40 ladrones.

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