Calma en el PRI

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En la visita a Monterrey de Enrique Ochoa Reza, presidente del PRI nacional, no estuvo en la mesa de las discusiones el tema de la coordinación de los diputados locales tricolores en el Congreso del Estado. Vaya, ni para bien ni para mal de Marco Antonio González.

Porque de estar en la cuerda floja luego de la deserción de Eugenio Montiel Amoroso, González pudo ser convocado a una reunión con Ochoa Reza, misma que no sucedió y solamente se sentó en un céntrico restaurante con los alcaldes de Monterrey y Guadalupe, Adrián de la Garza y Francisco Cienfuegos, respectivamente.

Se sabe que entre el legislador y su dirigente solamente hubo intercambio de mensajes por Whatsapp, contrario a pasadas reuniones que tuvo cuando el segundo vino a declarar en una reunión con priistas que iba con todo contra los ex gobernadores corruptos. Eran los tiempos donde Duarte (Veracruz), Medina (Nuevo León) y Borge (Quintana Roo) estaban como chivos en cristalería.

Y como las aguas siguen quietas tras la retirada de Ochoa Reza de las tierras del cabrito y la machaca, seguramente el tema principal fue ir viendo perfiles para las senadurías, diputaciones federales y, sobre todo, la eventualidad de una elección extraordinaria a gobernador si Jaime Rodríguez Calderón decide ser presidenciable en 2018.

Por eso González puede dormir tranquilo esta y las próximas semanas o meses, porque seguramente lo que menos le conviene al PRI en este momento es que se reaviven los choques internos, con el riesgo de irse a tercer lugar nacional ante la anunciada victoria, bastante anticipada por cierto, del candidato de Morena a Los Pinos.

El PAN sigue muy inflado tras ganar siete gubernaturas el año pasado y quiere repetir lo mismo en 2017 en Coahuila, Estado de México y Nayarit. Y Nuevo León estaría más fácil porque ya fue gobierno y sin “El Bronco” como candidato la marca independiente no la tendría fácil.

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