De los 25 años de Hora Cero, 18 son míos

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Corría el año 2005 cuando un muchacho bigotón con un acento sin sentido de pertenencia ingresó a la redacción de un periódico de la frontera noreste en la que, jamás imaginó, permanecería por mucho tiempo. Buscaban un par de reporteros para fortalecer la edición impresa y ahí encajé perfecto.

Por aquel entonces ya había hecho algunos pininos siendo la voz del sonido local en el Estadio Tamaulipas para el equipo de Los Correcaminos, en Segunda División del Futbol Mexicano; y por Televisión Azteca y Multimedios Estrellas de Oro en Tampico, cubriendo en la entidad la elección presidencial del año 2000.

Debo sincerarme que cuando ingresé al periodismo, motivado por Lucía Calderón, una tía muy destacada en esta labor (con una exitosa carrera en medios), no imaginé que había elegido una profesión que en lo general está muy castigada:

Básicamente mi primer día de labores –con un micrófono en mano en aquel lejano año de 1999–, me quedé en ‘shock’ cuando al acompañar a mi compañero camarógrafo a cubrir mi primera nota informativa lo miré embolsarse un billete que le había dado un comandante de la Policía Ministerial frente al viejo Hospital Civil y, así sucesivamente, me di cuenta que de esa manera se maneja en México gran parte de este gremio.

La verdad no pretendo incomodar a nadie que recurre a dichas prácticas, pero cuento lo que me tocó ver en estos inicios siendo que, en una postura de convicción personal, yo decidí nunca tomar un centavo de nadie.

A lo largo de casi 25 años, lo mismo que tiene de fundado Hora Cero, bendito sea mi Dios jamás he aceptado un peso mal habido. Tengo muchos errores, pero al menos decidí no tomar dineros.

Me salí de los medios para dedicarme a otras cosas y después de rocanrolear por diferentes ciudades de México y los Estados Unidos, con muy buenas vivencias y etapas, tenía que establecerme en un lugar: con una niña de meses era un joven recién casado.

Muy inmaduro todavía, pero obediente a la voz de mi familia atendí al llamado de venir a la ciudad de Reynosa, pocos años antes de convertirse en una de las zonas más peligrosas de la República.

Pocos saben que en mis andanzas aprendí varios oficios. Uno de ellos es la carpintería. Nunca publico nada de eso porque en realidad no me doy abasto con mi tiempo actual y siempre se ofrecen cosas.

Dispensen mis amigos que en un principio de mis años de reportero hacia favores de esos elaborando muebles como encargo, pero después entendí que mi tiempo es oro y aprendí a decir que no por estar muy saturado, aunque si necesitan una idea se las comparto.

Fue así que después de estar viviendo muy feliz en la paradisiaca playa de Mazatlán tomé un largo camino (por aquel entonces de alrededor de 24 horas en carretera libre), de un extremo del país al otro, y me bajé del autobús con mi cajón de herramientas. Al día siguiente fui a solicitar trabajo en un ambiente completamente diferente a la atmósfera del pacífico. En el primer lugar donde pregunté me quedé contratado.

El dueño tenía mucho tiempo buscando un carpintero que le hiciera las molduras para los óvalos de cristal de las puertas y no podía conseguir a nadie en Reynosa. Con la familia de mi suegro y cuñados aprendí mucho con todo tipo de ebanistería para los hoteles y las residencias de la marina de El Cid.

Armé un banco, le monté un motor que estaba arrumbado y elaboré un trompo para fresear las vistas y desbastarlas, canteando la madera de cedro que me llevaban en troncos para sacarla en tablas. El amigo propietario del negocio estaba encantado y me pagaba muy bien. A los tres meses Eneyde, otra querida tía mía, me dijo que miró un anuncio, pues había un lugar donde estaban buscando reporteros y me animó a venir.

El salario era mucho menor, pero en realidad no me había fogueado lo suficiente. Finalmente estudié la licenciatura y quería aprender más de esto.

Fue entonces que me encontré en el periódico con Héctor Hugo Jiménez, director editorial general de Verbo Libre Editores. Me dijo que saldría a la comida, pero que mientras tanto le elaborara un reportaje inventado de mi imaginación para verificar mi redacción.

Las máquinas que había en la oficina eran unas Apple Macintosh de carcasa transparente, en forma de huevo. Los que saben del tema recordarán que la telaraña de componentes del hardware se podían mirar hacia dentro. Eran otros tiempos de tecnología (sin olvidar que ya sabía tomar fotos con cámara mecánica y revelar en blanco y negro). Vaya, no existía ni el Facebook, ni mucho menos los teléfonos inteligentes, pero ya se disponía de las primeras cámaras digitales de 3 mega pixeles, así que ya no usábamos rollo.

El señor Hugo regresó de la comida, leyó mi texto y me contrató. Al día siguiente vino a la prueba la ex compañera, Aleyda Hernández y también se quedó. Juntos comenzamos esa etapa pegando varios hitazos guiados por las señales de nuestros compañeros Gerardo Ramos Minor y Erick Muñiz. Ellos eran los pitchers y nosotros los catchers.

Aunque debo decir que ese comienzo fue complejo para mí. El cerebro no me daba tanto para poder concentrarme y elaborar reportajes con el tipo de historias que aquí solicitaban. Me tardaba años para hacer una nota.

Incluso me preguntaron que si quería pasarme a uno de los quincenales de sociales, sin agraviar a los colegas que cubren esa fuente.

Fueron meses densos de aprendizaje, en los que, cuando había oportunidad, el señor Hugo tomaba de su tiempo para revisar mis materiales en la llamada “Escuelita”.

Me preguntaba: “¿Y por qué puso eso?”, y solamente me respondía a mí mismo, pues “porque no sabía”, pero esas enseñanzas me sirvieron mucho porque tales errores corregidos ya no volví a cometerlos.

Simultáneamente comenzaba el apogeo de los medios digitales. Hora Cero fue el primero en Tamaulipas que empezó haciendo un gran periodismo en internet y en tiempos en los que los periódicos convencionales sólo publicaban notas informativas muy escuetas, aquí ya hacíamos tremendos temas. Los colegas de otros medios que escuchaban mi nombre en los eventos públicos no se aguantaban las ganas de preguntarme ¿Tú eres José Manuel Meza? Les decía que sí, y me mencionaban que me leían. Traté siempre de ser una persona humilde y creo que forjamos una bonita amistad porque, me miran y los veo con gusto.

Pero confieso, lo que a mi consideración me ayudó a dar el salto en mi redacción fue el autoaprendizaje, porque noté que en el periodismo cada tema maneja su propio lenguaje.

Por ejemplo, si hablamos es un asunto legal “la averiguación previa”; que si es de medicina “el diagnóstico” o la “patología”, etcétera.

Algunas veces veía el portal de la revista Contralínea y en otros medios los encabezados o frases periodísticas que más me gustaban y los anotaba. Cuando elaboraba algo para mi periódico antes de pasar mi nota echaba una ojeada a mi lista de textos y así comencé a mejorar mi material, saliendo de las mismas palabras.

Con el tiempo un mejor vocabulario se me fue quedando en la memoria y de repente aquel reportero modesto en recursos, ya estaba escribiendo por arriba de la media, ya podía defenderme. La otra parte del trabajo tuvo que ver con artículos buenos.

De Hora Cero me gustó mucho que el licenciado Hugo y Gerardo siempre me dieron carta abierta para escribir mis propios temas y es ahí donde yo me pude desarrollar e inspirar. Nunca me estuvieron presionando con relación a mi trabajo.

Claro que a veces se ofrecía elaborar textos como encargo, pero para un periodista lo ideal es escribir del tema que le venga en mente, porque cuando hay que cubrir agendas se limita y se le pone un techo al trabajo del comunicólogo cuando éste ya tiene una experiencia probada. Para mí eso está mejor para los jóvenes que deben irse enseñando.

Y con Hora Cero gracias a Dios y a mis compañeros, con los grandes diseños de Rafael García Marín y a la dirección de orquesta de Gera y principalmente del señor Hugo, pudimos hacer grandiosos trabajos en muchas partes del país y en Estados Unidos, haciéndonos notar a nivel nacional e internacional.

Han sido bastantes historias y seguramente se me olvidarán, reporteando aquí mismo en Tamaulipas, en la Ciudad de México, en Sinaloa, Durango, Nuevo León, Coahuila, San Luis Potosí, en Baja California Norte, en Chiapas y otras entidades; en Texas, en Pennsylvania, en Connecticut y hasta en Nueva York.

Una ocasión hace años requería conseguir un dato económico, pero no había un funcionario que pudiera proporcionármelo, así que al apoyarme en el buscador me encontré un material mío y ahí estaba la información. Y me quedé admirado que mucho antes yo había hecho ese texto tan bien escrito y de tantos temas ya elaborados, miles, muchísimos ya se escapan de mi memoria la verdad.

Otro fundamento es que desde un principio siempre me puse en la mente escribir poniéndome en los ojos del lector y eso consiste en intentar hacer que una nota sea interesante. Para mí de ahí depende la creatividad del reportero, no tanto de cuántos datos lleve el texto sino de cómo lo platicas.

Con los años también he comprobado que las personas ahora leen menos y no debemos cansarlas con tanta información, porque se pasan de largo.

Una ocasión me preguntó mi jefe de qué escribía y le dije que de una librería. En ese momento me dijo, escriba otros temas, pero ya lo llevaba avanzado y lo terminé. Él consideró que sería aburrido, pero cuando lo vio me llamó de vuelta y me felicitó, diciendo que estaba muy bueno.

Y ese es el chiste, tratar de hacerlo interesante. Aquella vez resultó ser que la mayoría de la gente que acudía a las casi extinguidas librerías de la localidad era a buscar libros de brujería, por eso se resistían a desaparecer.

En fin, en mi recorrido como reportero una vez me topé con un artículo de Alfredo Serra, un periodista argentino también conocido como “El Pingüino” (ya fallecido) y me enamoré de sus textos. Porque a mí me gusta mucho escribir con narrativa, aunque es una disciplina difícil que no todos dominan y el señor lo hacía de manera prodigiosa.

Fue un gran lector que de una pedrada hacía un temazo, de Napoleón o de los Clásicos de la Historia Universal. Sin haber estado ahí consiguió que el público se lo imaginara. Y esa es la creatividad de un periodista, que de un alfiler hace una gran historia.

Ese es el tipo de periodismo que a mí más me gusta, el que atrapa a la gente y la hace pensar, apasionarse con la historia, más allá de sólo informar. También me gusta la crónica policiaca, pero en narrativa. Son elementos con los que a veces juego cuando el tiempo lo permite.

Debo decir que cada uno de mis compañeros tiene muchos talentos, algunos más en un área que en otra, pero todos los que aquí están en Hora Cero son muy buenos. No soy adepto a la competencia, las comparaciones o que exista uno mejor que otro. Cada quien hace su trabajo y unos se desarrollan mejor en áreas distintas.

Y se enseña uno a ser versátil. Me ha tocado hacer reportajes de investigación, aunque esos especiales demandan mucho tiempo. Por mis problemas de salud (caídas de presión arterial y hemoglobina alta) ahora batallo más para manejar el estrés y presiones en mi mente, pero después de 18 años sigo apoyando la causa en esta empresa, con la que me ha tocado ir a muchas coberturas, con temas de todo tipo, de historia, de medicina, de migración, de política, deportes, de inseguridad, en campañas, en desastres naturales, en eventos mundialistas y con personas que no son conocidas, pero que tienen un lado humano que se debe contar.

Generalmente soy un tipo que con los años ha ido renunciando a la vanidad de la vida, antes lo buscaba mucho pero me deja de llamar la atención. No busco ganarme premios ni reconocimientos, ¿para qué? Disfruto solamente que al público le guste el trabajo y con eso basta.

No me atrae tomarme fotos con famosos ni idolatrar a nadie, ni mucho menos ser jactancioso, aunque 18 años acá en Hora Cero tampoco deben pasar desapercibidos, justamente en el mes de su 25 aniversario.

Si Dios me presta salud me veo en los próximos años escribiendo temas de la vida, algunas historias. Quizás me quede otros dos años más aquí para cumplir un excelente ciclo de 20 con esta gran empresa del tiraje y si un día me muevo a otra ciudad seguramente seguiré con la familia de HC redactando desde donde me encuentre, si mis jefes gustan que los siga acompañando.

Quiero felicitar a todos mis compañeros y amigos que aquí tengo, les agradezco por el tiempo convivido y principalmente al señor Heriberto Deándar Robinson, un hombre 100 por ciento de empresa, que también es un gran periodista y libre pensador.

A los que ya se nos adelantaron en el camino (que en paz descansen). A los que se cambiaron de empleo pero que también formaron parte HC, los que llegaron después y, por último, con los que ahora mismo nos mantenemos al corriente a bordo del barco, un agradecimiento total. Los tiempos cambian, las personas también cambiamos, a veces las metas cambian, pero seguiremos haciendo lo que mejor sabemos hacer.

Y cierro con la anécdota de cuando estaba buscando cosas en una caja. Que me sale aquella hoja de la prueba de redacción de Hora Cero con la que fui contratado. Me impresioné porque está muy bien escrita.

Ya era de Dios que aquí me quedara, aunque le agradezco especialmente al señor Héctor Hugo Jiménez por haber visto en mí un buen prospecto y espero en todos estos 18 años no haber defraudado a nadie.

Les abrazo y les bendigo mis amigos, estimable público que muy amablemente nos lee y distinguidos compañeros ¡Dios me los bendiga!

A mí papás todo el agradecimiento eterno y mi reconocimiento. Mi papá ya fallecido siempre me apoyó en la escuela de principio a fin solventando todos mis estudios. Fue tan buen ser humano que nunca se fijó en lo que sus hijos comíamos; todavía en sus últimos años y aún con sus necesidades siempre tenía mucho para darme y aún después de fallecido seguimos disfrutando de sus hermosas bendiciones.

Y muchas gracias también a las oraciones de mi madre y todas las veces que se mató trabajando para brindarnos educación, las desveladas, ayudándonos con las tareas de la escuela y todo lo que implica ser una buena madre. Espero poderle recompensar aún con vida y de mejor forma lo mucho que ha dado por uno. A toda la gente, amigos y compañeros que han hecho cosas buenas por mí que Dios me permita retribuirles y ser cada vez mejor persona.

En el Facebook tengo varios álbumes que se llaman Fotografías en Acción por si alguien quiere acompañarme a ver algunas de las fotos que he tomado durante este largo recorrido y que fueron publicadas en el periódico, espero que las disfruten.

Saludos mi gente, un abrazo enorme para todos.

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