Hace tres semanas un directivo de una facultad de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Mario Rojo conocido como #LordTeJodo luego de un video que se hizo viral en TikTok, realizó un en vivo en una de sus redes sociales donde me difamó.
Y de inmediato le respondí que lo iba a denunciar por difamación y lo que resulte ante la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León. Quiero admitir que nunca me sentí amenazado por el coordinador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Solamente difamado.
Cuando una persona se propone ser hostil tiene dos opciones: difamar o amenazar, verbos que tienen significados muy diferentes. Y tampoco hay que irse a consultar la Real Academia Española (RAE), pues sería dudar de la inteligencia básica de uno mismo.
#LordTeJodo dijo en el video que una vez le pedí dinero con tal de que no publicara algo en su contra. Una vulgar mentira. Y para desmentirlo podría invitar a declarar a una interminable fila de políticos, funcionarios y ex de comunicación social y colegas que bien me conocen.
A Rojo se le fue la lengua y se equivocó de persona al difamarme y citarme con mi nombre y apellido. Pero así ha sido su modus operandi desde sus tiempos de porrillo del PRI para asustar a sus adversarios: “Te tengo un video tuyo, un audio, unos documentos…”.
Yo no tengo cola que me pisen como él. Puedo mirar a los ojos a mis hijos. ¿De que pude corromperme, agarrar dinero ajeno como varias veces me insinuaron? ¡Claro que puede hacerlo! Pero no quise ser como muchos con los que #LordTeJodo ha tratado en la política y en la UANL.
Una vez mi colega y amiga de muchos años, Olivia Martínez, reportera de TV Azteca Monterrey, me preguntó que dónde vivía y le respondí que en una colonia de clase media. Me reservo el nombre y la ubicación.
“¡Tan jodido estás! Siendo el director editorial fundador de Hora Cero”, respondió en broma. Y yo le contesté en serio: “Es que yo no aprendí a robar. Nunca quise. De ser corrupto viviera en San Pedro Garza García desde hace muchos años como algunos colegas que conocemos”.
Esta mañana recibí un video donde periodistas, intelectuales, académicos, políticos y miembros de la sociedad civil arropan durante 5:45 minutos a la periodista de Ciudad Victoria, Martha Olivia López, de supuestas amenazas del ex gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca.
Todo empezó porque López publicó en sus espacios que “fue hallado un nuevo centro de exterminio en terrenos ejidales que compró casi en su totalidad ubicamos en Reynosa”.
A lo cual el susodicho, quien tras terminar su gobierno hace casi un año no ha pisado México para evitar ser vinculado en delitos, respondió en su cuenta de X (antes Twitter): “Qué poca ética periodística. Me reservo el derecho de proceder legalmente contra el autor de la nota”.
Quiero ser claro y que no quede duda que no estoy defendiendo al político panista que lo traigo atravesado desde 2007. En esa respuesta, si se llega a la verdad que le pudiera darle la razón a Cabeza de Vaca, habría más difamación que amenazas.
Así que hay que bajarle dos rayitas. Porque si de amenazas, intentos de dañar las instalaciones y desaparecer nuestra empresa, boicots, embestida de la Fiscalía de Tamaulipas para inventar delitos, y ataques cibernéticos con graves daños económicos se trata, lo padecieron el dueño de Hora Cero, Heriberto Deándar Robinson, y el personal.
Nunca nos sentimos víctimas. Muy pocos medios se solidarizaron. Nunca pusimos la otra mejilla ni nos arrodillamos ante quien se sentía emperador de Tamaulipas. Y la lucha que duró largos y difíciles quince años la ganamos, el tiempo nos dio la razón… y estamos de pie.
(Aclaración: No se hagan historias. Este editorial es de mi total autoría. Nadie me dio línea. Lo hago en la completa libertad editorial que me ha dado mi empresa desde 1998).


