Doctor Rito: llega un ángel al cielo

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Para quienes no creen en el Covid, cada vez hay más personas muy queridas que se nos están yendo. El domingo pasado se nos jué el buen doctor Rito, y dejará un hueco difícil de llenar en las instalaciones del Unidad Médica Familiar 33, del IMSS.

Recuerdo cuando lo conocí hace unos 6 años en la clínica del IMSS de Las Cumbres, luego luego cuando me vio me dijo: “amigo, tiene que bajar de peso”, yo me le quedé viendo con estos ojos pispiretos y con una cara de what, a lo que él me respondió: “yo estoy bien, estoy saludable”.

Como que no entendía que uno debía dejar de comer tortillas y Cocas, mientras él se le veía medio repuestito.

La Rosa María con sus achaques me acompañó en esa ocasión a regañadientes con un té de tila y le dijo que podía entrar conmigo cuando quisiera, sin necesidad de cita, tenía ese tipo de atenciones que no se nota en cualquier doctor.

Entonces le dije que escribía “En La Border” cuando circulaba el periódico Media Hora y le mostré uno de mis textos:

“Venga a conocer a Reynosa. La ciudad está llena de baches, está muy polvosa en las calles y llena de basura. Sufre de cortes de agua semanales y sus camiones urbanos están bien destartalados. Hay miles de taxis y autos piratas. No se diga de la inseguridad, en cualquier momento hay bloqueos y balaceras. Ahhh ¡y hace un calorón de la fregada!”

De inmediato me contestó: “Me gusta como escribe, jejeje es muy sarcástico”.

Al saber que era de Monterrey, me confesó que se recibió de médico en la Universidad de Monterrey y que fue portero con Los Troyanos. También admitió su afición por los Rayados del Monterrey, como de los Millonarios de Colombia.

En mis visitas a la consultas le llevaba a veces revistas de los Rayados o algún souvenir, luego me dijo “me voy a ir a la clínica 33, para que pida su cambio”.

Después me puso las citas cada tres meses, para revisión médica, aunque lo veía poco, en ocasiones me lo topaba en la calle y siempre me saludaba con una sonrisa: “¿cómo está mi amigo?”, me decía, pero no era solo conmigo, tenía un gran don de gentes que conquistaba a todos.

“Excelente, lo felicito por su humor negro”, me dijo cuando hablé de lo realmente esencial y abordé el tema de la cerveza, prohibida en la pandemia.

Al doctor lo enviaron a su casa por ser “factor de riesgo” por sus kilos de más, y fue ahí mesmamente ansina mesmo donde se contagió, quien sabe cómo.

Pero el galeno estaba consciente del desgarriate del Covid, incluso publicó las noticias de la partida de sus compañeros médicos:

Julio Herrera, Roberto Méndez, Jaime Eduardo Cervantes, Fausto Eduardo Almaguer, Elena Navarro, Ubaldo Vallavares, Tum Ramón Solís, José Magdaleno Arvizu y Raúl Cantú Hinojosa, entre otros.

“Soy IMSS, tristeza tengo por todos los compañeros caídos por el cumplimiento, pero hay personas que aún están en la ignorancia de este mortal VIRUS… # quédate en casa, y usa tu cubrebocas. Descansen en paz y brillen para ellos la luz perpetua”, publicó con fotografías de 30 trabajadores del Seguro.

En otra ocasión subió una imagen con cubrebocas y una paciente le contradijo que no era tan necesario usarlo si se lavaba las manos con jabón Zote.

“Usted que ve tanta cultura, cheque lo que pasó en Wuhan y a diario que hacían los chinos, todos con cubrebocas, pero somos muy incrédulos y se usa para cuando uno va a salir de su casa”, le comentó.

Fiel a la Madre Teresa de Calcuta, fue además un gran impulsor del deporte en la ciudad, apoyó a los Topos de Reynosa, como al Reynosa FC de Segunda División.

Lo recuerdo con su felicidad inmensa cuando los Rayados ganaron el campeonato al América.
Al saberlo le compartí unas fotos por WhatsApp del desfile de los Rayados al llegar al estadio BBVA, y dijo que me envidiaba por no estar por ahí.

“Qué envida y yo aquí trabajando, le encargo algún recuerdo o la gorra del campeonato”, me escribió. En la tienda tuve que hacer cola para entrar porque era tanto el guato de la gente que se daban el lujo de cerrar el lugar para que  no entrara tanta raza. Ahí le conseguí una bufanda, un llavero y una figura de Miguel Layún.

Pero el 29 de diciembre pasado, era una de las mejores noches de su vida, a pesar de que tenía a cuatro americanistas echándole carrilla.

“Somos campeones… cabrones…”, dijo sin pena el doctor Rito y que publicó en sus historias de Facebook. De seguro allá en el cielo como ángel lo sigue gritando.

 

 

 

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